Me he clavado flores por todo el cuerpo
no tenía orificios suficientes
por los que sangrar.
Salir del aislamiento
es
exactamente
volver a asesinarme.
Me he clavado flores por todo el cuerpo
no tenía orificios suficientes
por los que sangrar.
Salir del aislamiento
es
exactamente
volver a asesinarme.
este suelo se ondula
y yo me siento como un moisés inexperto
tratando de andar sobre las aguas
entrañas rojas pestilentes
cáncer en los huesos de otro
metástasis es una palabra que duele:
metástasis
tumor cerebral
fisura de tibia
infección de garganta
esófago podrido
úlcera en el estómago
me duele el pie
izquierdo
el pecho
izquierdo
el cuello atravesado por una flecha
pustulas en la cara
un pelo precioso que se cae a mechones.
Observarte, todavía, en tu ataúd.
Lo mismo da fuera que dentro.
Supongo que a veces estoy triste cuando lloro
dice Rafa.
Supongo que no te llamo
porque tu número se quedó escrito en los muros
de aquella casa que derrumbé cuando te fuiste.
Supongo que no soy capaz de pedírtelo de nuevo.
Que no nos encontraremos en un bar, por la casualidad que siempre forzábamos
para volver a vernos.
Supongo que no estamos en la misma ciudad.
Que no recuerdas a qué velocidad ibas
la última vez que te masturbaste
mientras yo miraba.
No se me ocurre metáfora para esto.
Supongo que lo que escribo sólo habla de mí,
porque sigo sin conocerte.
Porque "te odio" es lo más cercano a un encuentro. Forzoso.
Ya podríamos chocar
para fingir, en un intercambio de seguros,
un roce de piel.
Seguro que lo harías.
Supongo, digo.
Te supongo de tres metros.
Me supongo atada a una cama, con camisa de fuerza y mordaza. Evitando correrme.
Tampoco encuentro metáfora para el océano que provocas.
Supongo que no.
Hoy he ido al médico. A fichar mi vida.
A mentir. A jurar que esta vez voy a seguir el cauce del río.
Lo prometo. Supongo.
Ha empezado diciendo que tampoco está tan mal sentirme más muerta que viva. Que él también.
Hemos terminado en un abrazo
en que
supongo
he recordado que si tú fueses un árbol,
todas tus raíces ya me han destrozado la piel.
A estas alturas del día
ya nos hemos duchado
sacado al perro a pasear
masturbado tres veces
Cuatro
Hemos lavado los platos
desayunado
Porque en casa no se come hasta que está todo limpio
aunque a veces pasemos una semana de ayuno
Ya hemos solucionado el problema de la capa de ozono. Y se nos ha olvidado apuntarlo en cualquier sitio.
Cinco veces nos hemos masturbado.
Hemos llamado al 112 preguntando si ya nos han encontrado muertos.
Aún no hemos reído.
Estamos a día dos del mes.
Ya no tenemos dinero en la cuenta.
La derrota es un fin. Dice Borges.
Ya estamos cansados de este año.
Menos mal que los partes de alta
los hacen por la mañana.
Ingresé cadáver
Y a estas alturas del día
nadie me ha enseñado a resucitar.
Me gustaría hablar contigo.
Me gustaría contarte que cáncer es una palabra preciosa. Pero duele.
Me gustaría verte sonreír en lo alto de un árbol de navidad, y no verte con tanto destello.
Me gustaría cogerte de la mano
y llevármela al pecho
No para que sientas que todavía me acelero cada vez que abres la boca por cualquier acto involuntario que te sobrecoja
- inserte estornudo, tos o esputo en este momento
No, quiero que me toques las tetas y digas que siguen pareciéndote preciosas
Me gustaría hablar contigo para decirte que estás guapísimo con el pelo largo.
Con el pelo largo atado.
Enredado.
Da igual.
Me gustaría hablar contigo para ponerte sobre aviso. Lo que voy a hacerte es 50% dolor.
El resto, luego te lo muestro.
Me gustaría hablar contigo para decirte que te extraño
Que tienes las manos grandes
La sonrisa aún mayor
Y yo quepo en ambas.
Me gustaría hablar contigo porque estás demasiado lejos para tocarte.
Y ya ni siquiera sé en qué puerta tendría que hacerlo para que seas tú quien abra.
Me gustaría romperte la ropa.
Y que te dé tanta vergüenza salir a la calle desnudo
que te quedes para siempre en mi cama.
Me gustaría que Navidad fuera un dolor cualquiera,
como un catarro
O una chocolatina caducada.
Me gustaría no recordar tu voz
para tener una excusa por la que llamarte.
A gemidos.
Me gustaría que me mandases un mensaje, con tan sólo dos palabras:
Estoy aquí.
Así sabría que todas las mentiras que me cuento
saben tragarse las suyas.
Me gustaría
por una sola noche más
hablar contigo. A la cara.
En la cama
Y decirte alguna tontería de esas,
por ejemplo: Yo, también.
Hemos hecho una fiesta:
Estuvieron en casa los recuerdos de alguien que no los tiene ya
Dos amigos que ya no recordaba
Un profesor que pasaba por aquí hace muchos años
Una contorsionista que había olvidado todo sobre la flexibilidad
La sonrisa que se quedó enmarcada en el espejo de la primera habitación donde te desnudé
El vecino del tercero que tenía dos bicis y un equipo de buceo
Todos los besos que no nos dimos
La limpiadora de la primera planta del hospital
Un perro que abandonó a su amo
Como tú a mí
Los poemas que se van a convertir en libro
Un mesías que hizo del agua
Coca-Cola
Las tres amigas más guapas que he tenido nunca.
El chico que siempre está en la misma calle
a la misma hora
que yo desaparezco.
El año de mi vida en que entendí
que era ese el momento. Y ya no se va a repetir.
Las mentiras que me cuento.
Las que me creo.
Las que hago como que no escucho.
Las que no digo en voz alta.
Las que me dan de hostias cuando no duermo.
Las mentiras.
Todos ellos
conmigo
Han hecho una fiesta: Ya nunca quiero invitarte a la penúltima copa.
Ojo que me he olvidado de lo que pasa cuando no se llora.
Que ahora sólo sueño lo que no me haces. Y casi todo son pesadillas.
Que escribo corriendo. Detrás de ti. Por si te alcanzo.
Que el día en que llegue estoy segura que no será tu hombro el que toque.
Ni serás tú quien se gire.
Y seguiré yo llorando.
No me mires con cara de asombro
al verme muerta.
Debiste pensarme antes.
Ir en dirección prohibida es coger la calle de tu casa.
Estás en obras.
Estoy deshecha.
Se ha terminado la gasolina.
Y nadie me prendió fuego.
Voy a esperarte en el más allá. Corre.
Quiero asegurarme de que no es tu cara la que me mire al final del túnel.
Nunca me devolviste el corazón por amor, sino por pena.
Ojalá te hubieses asegurado de poner tierra entre nosotros.
Ojo, que ya no sé para qué vine.
Que has cambiado tanto de teléfono que he terminado por no aprenderlo.
Que sonrío al verte pasarme de largo.
En el cementerio.
Que llevo una lápida colgada del cuello con una frase en lugar del nombre: Ahora no consigo acordarme de dormir.
Y todavía estoy tratando de olvidar que ser feliz
no implica necesariamente
dejar de buscarte.
Aún lo recuerdo. El crujir de las costillas.
El dolor del miedo
El miedo en sí.
Tú partiéndote en dos mientras yo en mil
Las marcas moradas, verdes y amarillas
Curarme desde el suelo.
La puerta cerrando la ventana
Cristales preciosos incrustados en las paredes.
Aún te recuerdo, sí,
desnudándome
Clavándome contra los muros de esta habitación
Acusándome
de haberte seguido
esperando.
Naufragando.
Como un siento que empieza mal;
que llueva antes de dejar tierra.
Qué alas tienes, amor
Perdona por querer abrazarlas en pleno vuelo.
Estoy hecha para saltar
a ojos cerrados.
No sé dónde me busco, ¿esa nube la hemos pasado ya?
Déjame llorar, que no quiero huir.
¿Sabes? Las olas tienen dos posibles vidas:
Una es crecer hasta encontrar donde romperse. La segunda perder toda su fuerza.
Tú eres mi excepción.
Desde que sé que existes
no tengo ni puta idea de lo que es el invierno.
Será que me he enamorado
del aire de tu pelo.
O que me sobra el frío desde la primera vez que te escuché suspirar
y te supe. A mar. Mío. Menos mal que no me ahogo.
¿Y si me pierdo, vas a venirme a olvidar?
Visto de blanco por bandera,
por darle tregua a la muerte,
que necesita descansar
después de masturbarse.
Mientras te mira.
Qué alma suicida has conocido.
No me quedan excusas para esta sangre:
He estado limpiando el daño de las cosas, para que no hayan espinas
cuando me veas.
Odio que pisen las flores muertas de mi jardín,
pero te dejo la puerta despierta,
vuelve a despedirte, pero esta vez para quedarte.
Conmigo.
Quiero vivir todas tus únicas vidas. Y ponerte en pie
con la boca.
Yo qué sé, soy una romántica;
podría sonreírle a la suerte
cumpliendo todos tus sueños, despejando cada una de tus dudas
y comiéndote la polla.
A esta brisa la llamaré: No me quedan desiertos donde esconderme.
Me vivo de sed: ¿vuelves a correrte en mí, corazón?
Acuéstate a mi lado, anda, que no tengo voz para decirte 'ven'.
Sigo congelada en esas manos
en tus malos modos de quererme bien
en este mirar de reojo como que no me miras cuando me tocas
Como el pájaro que se abraza a un poste de alto voltaje.
Vivo continuamente en la noche antes de la noche en que tampoco te olvidé.
Me he quedado a dormir en otro 'adiós'
de otra boca
entre mis piernas.
Qué manía con llamar 'amor' a cualquiera con quien me apetece pasar la huída
Si no eres tú.
Sigo odiando los colores vivos. No sé qué dice eso de mí. Supongo que nada,
que te ahogas.
Cogeme la carita así, que voy a morirme.
A quién esperabas volver a no ver.
Se me ha suicidado otra pestaña ahora que lo que te deseo
es lo de siempre,
tu risa en mi ombligo. Que me enseñes a silbar.
El lienzo de tu espalda.
Cada vez estoy más lejos de todo,
como para contar conmigo.
Donde he estado. Tampoco habían señales en los sueños.
Hoy,
a la misma distancia de siempre,
36 suspiros.
Y yo aquí, conteniendo la respiración.
Podemos tropezar mil besos,
pero este alma lleva tanto cerrado por olas
que cómo vamos a saber amar.
Para bien o para. Mal.
Las ilusiones, los desmoronamientos,
la sutil diferencia de asomarse al amor con miedo a caer,
o a tirarse.
Ya te lo dije:
sujetame fuerte,
que yo salto. Mortal.
Anoche se me cayó
un año de olvido al suelo.
No me culpes, cariño,
pero aún sigo pensando que con esa sonrisa
podría correrme
en cualquier esquina de esta ciudad.
Te sabías de memoria el lugar exacto donde tocarme
me iba a matar. Y no lo hacías.
Y voy yo, y te llevo la mano.
Tu corazón-granada me ha explotado en la boca. Y alegre, y herida, me pierdo en este río
por no llorarte de nuevo.
Podría pasar la vida jugando contigo
a la ruleta rusa,
pero con todas las alas. No me ates.
Me acuso de mirarme las llagas de los pies. De hablar como se habla en los cementerios: a nadie.
De querer demasiado, sin medir a quién.
Cuánto hace que no me siento isla.
Te he visto caer en medio de todo el mundo
y no se han dado cuenta.
Si quieres empezamos por el final
y reconstruimos los deshechos.
Pero cuidado,
el verano está a punto de acabar
y aún no me he muerto.
Me rompo
Es como si te hicieras una herida sobre otra que ha cicatrizado ya.
Y te pusieras a buscar la forma
de que tocarte no te duela.
Como aquel niño al que no le daba miedo la sangre. Y se lamía solo.
Que lloraba sólo cuando nadie le veía
hacerse mayor.
Baila; amor
para que la tristeza no se vaya
también
Encoge el corazón, envásalo al vacío
y cuidado con dónde lo tiras.
No es que quiera que te quedes,
pero mientras, ¿por qué no vienes
a sentarte a mi lado en las aceras?
La vida pasa a 200 y sin frenos,
disfruta. Este tramo
en el que hacemos el ángel entre tanta basura.
Tinta que te tiñe la ropa.
Lo peor de todo esto es darte cuenta de que para salvarte
tienes que huir
En un avión que pierde altura.
Nubes en tus sueños. Fiesta de fantasmas
que no te invitan a otra copa.
Se te estrellan los pájaros en la cabeza.
Tienes el futuro ahí,
al lado, mi mano.
Siéntate conmigo, anda,
Corre. Te.
Vuela.
Pero no me dejes
como al niño
que alguna vez alguien fue. Quizá tú.
Te quiero como si pudiera.
Decirte
Permitirme
Sentir
La verdad.
Me habían dicho que si estaba deprimida,
que no salía de casa si no era de noche y para andar por la arena.
Como las locas.
Yo sabía que era una isla, y que
por mucho que queramos,
las islas siempre estamos mejor solas.
Me he mojado los pies en el mar de unos ojos que lloraban porque volví a marcharme.
(Creo que aún hay gente que quiere construir puentes hacia nosotras.
Como si eso no fuera ponernos unas esposas de besos.)
Llevo sin querer a nadie desde que me topé por casualidad con el que me descubrió.
Tonta yo,
que creí poder ser desconocida de nuevo.
Pienso mucho en tu despedida, cuando me soltaste algo así como que
si tocaba el cielo
te recordase. Pero cariño, marqué tantas veces el número de tus lunares en mis letras
cuando estuve en el barro
sin encontrar respuesta,
que me he quedado sin huellas para que me sigas.
Ando por calles llenas de luces y no veo ni un puto túnel en el que esconderme.
No sé si estoy triste, pero en este accidente parece que no queda nadie que cuente que nos ha vivido.
Ya me he vuelto a olvidar de porqué creo que he vuelto. Ya me he puesto a llorar por cosas
que no me tocan ni de lejos.
En casa no hay nadie. Me gusta.
Me han dicho que desde que no estás cerca
sonrío menos.
Pero mejor. Amor, estoy en un punto en mi vida en que nos puedes comer el coño, indistintamente, a mi soledad y a mí.
No quería irme
sin que lo supieras.
"Solitario y llorón, me masturbo todas las noches." La cabra mecánica.
Tengo el alma como el grifo de la cocina:
goteando.
Las pisadas no me dejan huella. Vuelvo.
A una casa que no conozco.
A la playa que te tiene
y yo no.
Después del miedo, ¿qué va a venir?
Además de la ducha en que lo lloras todo,
hasta la sangre
que se confunde de vena
y termina por el desagüe con una danza hipnótica.
Quítame el humo de los huesos, amor.
¿Alguna vez has andado por un lugar muy transitado de noche y has visto cómo se queda tan desolado al llegar los primeros rayos de luz que dan ganas de dejar de respirar?
La solidaridad de dos corazones que se rompen
a la vez
cuando uno ya no reconoce al otro.
No hablo de mí, no te preocupes.
Hace tiempo que ni yo me habito.
Escribo sobre lo escrito por si te borras.
Dime qué quieres, y me desharé por ti. Lo peor del amor
cuando termina
es cuando no te das ni cuenta.
Ni notas los cambios.
Lo peor de que se acabe
es que ni siquiera te importe.
¿A qué viene toda esta apatía emocional, cariño?
Empieza a cansarme el desgaste. No es la nada, ya ves,
no estoy tan mal sin echarte de menos.
Y es que si no volviste a mirarme,
¿cómo querías que acertara
cuando disparaba a las comisuras de tu entrepierna?
Tampoco importa,
nunca tuve buena puntería. Y tú no estás.
Sigo haciéndome preguntas estúpidas
que nadie responde,
por ejemplo
¿Por qué existe un verbo para las mentiras
pero hay que decir la verdad de una en una
porque no actúan?
Como la realidad,
que tampoco. Los sueños
se dejan hacer
pero ¿lo que es real
cómo se demuestra?
Hace calor.
Sigo hablando de ti,
con la camiseta negra que me regalaste
y en bragas por la casa.
¿Qué habré hecho yo para no merecer esto?
Encontrarte por las esquinas escondido
preparado para asaltarme con cosquillas y besos.
Ojalá una orden de alejamiento a los sentimientos en días de resaca, joder.
Aquí vivo, y así. Con la duda.
Y si nunca te hubieras ido.
No sé si quiero preguntarlo ya.
Ahora
cuando te vea y no te bese,
y nos callemos
porque ya caímos demasiado.
Ahora que te miro y no me veo.
Tú no me conoces,
¿cómo voy a pedirte que te acuerdes de mí?
Tengo tus pies deshaciéndome,
el camino.
Anoche escribí: tus allstar no me dejan ser.
De restos
no puedo vivir.
¿Cómo llora una isla desierta? ¿Es como lo del árbol que cae en mitad del bosque y nadie lo escucha?
En cualquier caso, me parece bien.
Soy incapaz de contar la cantidad de olas al día en que no me encuentro.
Por si acaso, últimamente, sólo me busco en cementerios.
Mi cuerpo ha dejado de insistir en salvarme
cada vez que me suicido.
Tengo idealizado al destino
por la parte que te toca.
La seguridad nunca me ha acompañado mucho
pero hoy se me ha colgado del pecho,
concretamente
del sujetador de encaje que tanto te gustaba.
Podríamos follar otra penúltima vez
si no vienes a romperme.
Me haces sentir, vida
pero ¿dónde estaba yo antes de todo esto?
¿es posible el amor entre un pájaro ciego
y un árbol caído?
Sé que sí,
aunque cuando intento pensarte
acaricio mis costillas en busca de tu nombre
y ya ni hundiendo el puño entero te noto aquí.
Nadie sabrá nunca lo que fuimos,
y en todos tus libros hablaré de nosotros.
Beberé las primaveras que habrán anidado en tu pelo los años en que no te visité,
me olvidaré de los cerezos
para quedarme sólo en tu sonrisa.
Seguiré cuidando de la isla
aunque viva en un desierto inmenso, como tu abrazo.
Volveré a escribir en el terreno árido
del corazón un cartel de
'prohibido el paso'
con la saliva de otros vientos que me arrasen.
Ya sabes,
las brisas nunca vienen solas.
En mis puertas pintaré ventanas
abiertas
por si acaso también.
Cambiaré de estado de ánimo
un millón de veces
en lo que dura un poema.
Me perderé de vista
ahora que sé que el verano sólo existe en el cielo de tu boca.
Sújetame el pelo, cariño,
que voy a emigrar sin maletas
mientras dure este invierno.
He pasado noches sin dormir. Muchas.
Desde hace un tiempo
ni al insomnio le veo pasar por aquí.
No me gusta. A pesar de mi médico.
Quiero llorar y parezco una fuente que no funciona
en un parque
al que ya no vamos a besarnos
y nadie se detiene a arreglarlo.
He girado sobre las agujas del reloj tantas veces
para que me miraras por un segundo
que estoy mareada de desesperanza.
Padezco una terrible enfermedad llamada despertar.
Hoy lo he hecho desde la sala,
en el mismo sofá incómodo de hace un año. Sin ti.
Ayer me dieron las llaves de un nuevo corazón,
que estaba más en silencio que el mío.
Ahora ya no quiero volver a abrir los ojos.
Creí que era la luz de un paraíso
pero seguía siendo la misma cárcel.
De hace un año. Sin ti.
Aún pestañeo esperando que aparezcas
con un 'te quiero
pero no te lo digo' en la boca
mientras me besas.
Capullo. Estoy en modo recordarte y no se me acaban las pilas.
Y no te has molestado en llamar
desde hace un año.
Tampoco importa,
pero yo sigo despertandome con una soga al cuello,
aunque ya creo que es culpa
de dormirme vestida
esperando que tus manos me desnuden.
Perdóname,
se me ha metido un mal recuerdo en el ojo derecho
y no he podido evitar una sonrisa furtiva. Nada grave.
Ya sabes que no he querido nunca
evitar el daño. Debería contarte
quién me hace ahora no llorar.
Mucho tiempo sin llorar me parece casi más triste
que mucho tiempo sin reír.
Aquí me tienes, detenida,
mirando por donde piso
por si rompo a alguien que no sea yo.
Por querer, ya no quiero ni encender el portátil,
te escribo desde el móvil, como una idiota,
por si de repente me agobio
y me da por enviartelo.
He vuelto a dejar los proyectos apartados,
y Ella me dice que hable con un especialista,
que una de mis personalidades está deprimida
y yo que no, que la deje.
Y ahí está, apartada y sola.
Necesito un vestido de flores
que me sonría a mí.
Aún quedan amigos; lo sé porque Carlos me ha enviado un audio borracho, y sigue queriéndome.
Porque Irene está triste, y yo voy a abrazarla en cuanto tenga dinero.
Y ya sabes que yo quiero a mucha gente,
pero por muy poca cogería vuelos.
Pero es que sus alas.
Desde que no lloro
no escribo. No tienes la culpa. Él tampoco.
Aunque le echo más de menos que a ti.
Pero a ti tengo que contarte lo de Manu. Y todo lo demás.
Que me des la mano
para empezar a romperme. De nuevo.
A derramar mares de una jodida vez. A beberme el roto y la copa.
El fondo del vaso me pone cachonda lo mire por donde lo mire,
y lo vea como lo vea.
Y ya no bebo para olvidar nada. Y prefiero la nostalgia.
Tonta yo. Que ya no me llamas.
Voy a soltar, otra vez los poemas.
A volver a mi abstinencia en los bares y el papel. A cuidarme
la salud de hierro oxidado. A fingir la sonrisa.
A castigar a mis voces sin rincón de pensar.
A no abrir el facebook, por si tus fotos.
A no enviarte lo que pienso
ni siquiera borracha.
A dormir en una cama
que nunca ha sido mía, hasta que me mude de alma.
Que en esta ya no se puede querer a nadie.
Y mucho menos a mí.
"Más indoloro en cada trago. Ya soy inquebrantable, por eso me rompo. "
Álvaro Perals
En mis aceras se debaten la vida y la muerte, la soledad y la nostalgia... Todas borrachas de olvido,
de tristeza porque no las acompaño.
Ya no me siento a su lado a contar batallitas perdidas y guerras trasnochadas.
Se me hace más tarde cuando anochece que si madrugo.
Puedes pasear mis calles, he dejado las luces de mi alma encendidas. Ya no cargo mis cañones con poemas, se me ha secado la pólvora, el miedo y el seso.
Busco inspiración en el futuro y me sabe a nada.
Trato de acercar mi mano al pasado
y nada.
El presente no dura ya ni un instante. Y se me ha ido volando.
Tu recuerdo no me acuerdo a qué sabía. Y los pocos planes que me quedan no te incluyen.
Tierra a la vista, y yo ciega. He descubierto un mundo nuevo y para qué.
No te pienso, ergo ¿ya no existes?
Tus cicatrices no me queman cuando se acercan los días de sol. El cambio climático me ha abierto un agujero en la capa con la que envolvía las mariposas; a ceniza me saben los sueños que ya cumplí.
Las voces de mi cabeza ya no me hablan.
Que me quede o me vaya
de nada me vale
si ningún lugar me tiene
o me falta.
Estoy aquí y allá,
soy
porque todos somos. Un abismo.
Díselo a Nietzsche para que me mires bonito y yo te pueda admirar.
Esta saliva me sabe a alimento de tiburones.
Que crea en las personas no significa que tenga fe en la humanidad. Vaya asco.
Qué me doy.
Me clavas las pupilas en la distancia como esperando verme sangrar sin mirarme,
como queriendo otra herida.
Como culpándome por irme cuando te empeñabas en que no podía esperarte.
Me sonríes ahora, fingiendo una amistad que no tenemos,
recordándome tus besos,
diciendo: hoy te lo comería, cariño, para que no olvides que me has querido y te tengo, que toda tú sigues siendo algo mío.
Discúlpame los versos
en que te extraño.
Te sorprende -y a mí-
que siga viva después de
sobre todos
tú
Aquí ando, creyéndome cuerda y sin ahorcarme...
Como cuando choca la ola contra un acantilado y te salpica, pero no consigues ver el mar. Así de ciega.
Como un eco tras una montaña que hace siglos que no escalas. Así de torpe.
Como pisando las brasas y, en lugar de quemarme, notarlas deshacerse a mi paso. Así de vacía.
Como una isla descubierta. Despedazada. Violada y abandonada a mi mala suerte. Como yo.
Tras una tragedia veo: Todas las dignidades muertas.
Y los sueños muertos.
Y las éticas
muertas.
Yo, por mi parte
no dejaré testamento
pero sí una nota de suicidio asistido, y, concluyendo diré que en mi epitafio
quiero que aparezca:
Es mi hora de sentarme a sentir cómo siento ahora que no me sentiré ya más.
Es mi adiós a mí, Dios. Espérame en la puerta, pero no abras
que ya tengo pagadas un par de noches de fiesta
en el infierno.
Cariño, necesitamos distancia. Dos mil km me parecen muy pocos. Las 500 noches sin ti, me han parecido 19 días.
Soy un kamikaze desenamorado que ya sólo puede aprender a hacer crack.
Tengo que dejar la música, los excesos.
Ya no te quiero tanto.
La poesía que ahora me cuelga de las manos se parece demasiado a lavar los platos, a tender la ropa, al polvo de las botellas de ron que dejé en las estanterías.
Amor, no me sale llamarte amor desde que no me desayunas. Desde que en lugar de pasear desnudo, te vistes corriendo al salir de la ducha.
Después de correrte.
En otra casa.
Perdón por el drama.
Por recordar que habíamos olvidado. Por interrumpir de nuevo tus cuentos. Por despertar a los fantasmas.
Tengo sueños en los que ya no puedo dormir. Y es tu culpa, ¿quién te manda a soltarme la mano? Y lo que es peor,
porqué.
Me despido en las aceras corriendo. Bajo una lluvia que empapa si le da la gana.
Te beso en la mejilla porque es lo correcto.
Te prometo que luego te escribo que llegué bien, que no pasa nada.
Que si mañana nos vemos te enseño cómo sobre-vivo y dónde. Que el 508;
toca, que tengo la puerta abierta para ti.
Tú siempre has tenido entrada libre desde que hace dos años apareciste, y
dos años después,
aquí sigues. Ya sabes, que si me acompañas a casa, beso-seguro de vida. Eres mi ambulancia.
Que te he echado de menos y ya te estoy echando. Que vuelvas.
Que cuánto tiempo esta vez.
Que si te quedas a desayunar.
Que qué hago conmigo y contigo.
Tu coche azul cielo nublado se ha evaporado en la curva y yo sigo pensando que
qué
hago contigo,
y conmigo.
Que te he puesto el desayuno en la mesa, osea,
en la cama. El despertador da marcha atrás, no te vayas. Todavía.
Prefiero tus tontas excusas para verme, que las idioteces que te inventas para no venir.
Soy demasiado conformista, ya me conoces, no me hacen falta motivos para esperarte.
Lo más bonito que va a sucederle al amor, voy a hacertelo a ti en cuánto llegues.
Te he escrito otro poema,
ya ves, no pasó nada.
Te saludo con un beso en la mejilla,
porque es lo correcto.
Ha salido el Sol, te desnudo corriendo al entrar por la puerta.
Empezamos.
Ven,
clávame el puñal como si creyésemos en Cupido;
no recuerdo si el corazón me servía para algo,
pero mi espalda espera heridas
como tú el humo del último cigarro antes de dormir.
Ven,
como si no supiéramos echar de menos,
como si existiera una palabra que contuviese todo este vacío.
Ven, retuérceme el cuchillo
y disfruta del daño.
Ven aunque no te lo pida.
Ven para nunca quedarte. Y quédate.
Y vete lejos.
Y átame a los hierros de tu cama
y te enseño qué es la libertad.
Ven con la misma cuerda con la que vas a ahorcarte, y susúrrame canciones. Ven con el mismo sueño que evitas, y duerme a mi lado. Ven, que nos ponemos dulces, y duros.
Sé mi pesadilla.
Vuela, y caeré contigo si caes. Y miraré al abismo por ti, y me tragaré tu semen y todos tus miedos.
Ven aunque me haga pedazos cuando el avión despegue. Y tenga entonces aún más razones para aferrarme a una copa.
Ven, que ya volveré a mi nueva vida para olvidar tu nombre, sabiendo que tú tampoco pensarás en el mío.
Invítame a café una tarde cualquiera, deja de llamarme.
Pierde el tiempo, gástate.
Llevo tu ropa como tu alma pegada a la piel. Al menos cada vez que me tocas recupero la fe en la vida.
Podría morir con tus manos entre mis piernas;
no me pidas que hable de mi
si no estás.
Róbame aún más besos.
Elige a otra.
Pero, por si acaso,
no te olvides de venir.