lunes, 10 de junio de 2013

"Más indoloro en cada trago. Ya soy inquebrantable, por eso me rompo. "
                                                                  Álvaro Perals


En mis aceras se debaten la vida y la muerte, la soledad y la nostalgia... Todas borrachas de olvido,
de tristeza porque no las acompaño.

Ya no me siento a su lado a contar batallitas perdidas y guerras trasnochadas.

Se me hace más tarde cuando anochece que si madrugo.

Puedes pasear mis calles, he dejado las luces de mi alma encendidas. Ya no cargo mis cañones con poemas, se me ha secado la pólvora, el miedo y el seso.

Busco inspiración en el futuro y me sabe a nada.

Trato de acercar mi mano al pasado
y nada.

El presente no dura ya ni un instante. Y se me ha ido volando.

Tu recuerdo no me acuerdo a qué sabía. Y los pocos planes que me quedan no te incluyen.

Tierra a la vista, y yo ciega. He descubierto un mundo nuevo y para qué.

No te pienso, ergo ¿ya no existes?

Tus cicatrices no me queman cuando se acercan los días de sol. El cambio climático me ha abierto un agujero en la capa con la que envolvía las mariposas; a ceniza me saben los sueños que ya cumplí.

Las voces de mi cabeza ya no me hablan.

Que me quede o me vaya
de nada me vale
si ningún lugar me tiene
o me falta.

Estoy aquí y allá,
soy
porque todos somos. Un abismo.
Díselo a Nietzsche para que me mires bonito y yo te pueda admirar.

Esta saliva me sabe a alimento de tiburones.

Que crea en las personas no significa que tenga fe en la humanidad. Vaya asco.

Qué me doy.

Me clavas las pupilas en la distancia como esperando verme sangrar sin mirarme,

como queriendo otra herida.

Como culpándome por irme cuando te empeñabas en que no podía esperarte.

Me sonríes ahora, fingiendo una amistad que no tenemos,

recordándome tus besos,

diciendo: hoy te lo comería, cariño, para que no olvides que me has querido y te tengo, que toda tú sigues siendo algo mío.

Discúlpame los versos
en que te extraño.

Te sorprende -y a mí-
que siga viva después de
sobre todos

Aquí ando, creyéndome cuerda y sin ahorcarme...

Como cuando choca la ola contra un acantilado y te salpica, pero no consigues ver el mar. Así de ciega.

Como un eco tras una montaña que hace siglos que no escalas. Así de torpe.

Como pisando las brasas y, en lugar de quemarme, notarlas deshacerse a mi paso. Así de vacía.

Como una isla descubierta. Despedazada. Violada y abandonada a mi mala suerte. Como yo.

Tras una tragedia veo: Todas las dignidades muertas.

Y los sueños muertos.
Y las éticas
muertas.

Yo, por mi parte
no dejaré testamento
pero sí una nota de suicidio asistido, y, concluyendo diré que en mi epitafio
quiero que aparezca:

Es mi hora de sentarme a sentir cómo siento ahora que no me sentiré ya más.

Es mi adiós a mí, Dios. Espérame en la puerta, pero no abras
que ya tengo pagadas un par de noches de fiesta
en el infierno.

5 comentarios:

  1. Ese no sentirse... esa desolación. A veces es mejor la compañía de uno mismo.

    Un beso.

    ResponderEliminar
  2. Querida abismo:
    lánzate sin miedo que aquí abajo te esperamos los que ya hemos caído.

    Brutales estos versos.
    Un abrazo <3

    ResponderEliminar
  3. Hasta haces dulcemente tristes los adioses.
    Yo , si me lo permites, me uno a tu fiesta

    besos guapa

    ResponderEliminar
  4. Eres la persona más grande y que más me emociona, incluso estando (físicamente) lejos.

    ResponderEliminar
  5. Muy chulas todas tus entradas, ha sido un placer pasar por aquí!

    ResponderEliminar