sábado, 2 de agosto de 2014

Si esto es verano, que me lleven a tu infierno.

Ojo que me he olvidado de lo que pasa cuando no se llora.

Que ahora sólo sueño lo que no me haces. Y casi todo son pesadillas. 

Que escribo corriendo. Detrás de ti. Por si te alcanzo.

Que el día en que llegue estoy segura que no será tu hombro el que toque.
Ni serás tú quien se gire.
Y seguiré yo llorando.

No me mires con cara de asombro
al verme muerta.

Debiste pensarme antes.

Ir en dirección prohibida es coger la calle de tu casa.

Estás en obras.

Estoy deshecha.

Se ha terminado la gasolina.

Y nadie me prendió fuego.

Voy a esperarte en el más allá. Corre.

Quiero asegurarme de que no es tu cara la que me mire al final del túnel.

Nunca me devolviste el corazón por amor, sino por pena.

Ojalá te hubieses asegurado de poner tierra entre nosotros.

Ojo, que ya no sé para qué vine.

Que has cambiado tanto de teléfono que he terminado por no aprenderlo.

Que sonrío al verte pasarme de largo.
En el cementerio.

Que llevo una lápida colgada del cuello con una frase en lugar del nombre: Ahora no consigo acordarme de dormir.

Y todavía estoy tratando de olvidar que ser feliz
no implica necesariamente
dejar de buscarte.

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