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jueves, 27 de junio de 2013

'Yo podría haberlo hecho mejor' Habla de felicidad. Pero dónde.

He pasado noches sin dormir. Muchas.

Desde hace un tiempo
ni al insomnio le veo pasar por aquí.

No me gusta. A pesar de mi médico.

Quiero llorar y parezco una fuente que no funciona
en un parque
al que ya no vamos a besarnos
y nadie se detiene a arreglarlo.

He girado sobre las agujas del reloj tantas veces
para que me miraras por un segundo
que estoy mareada de desesperanza.

Padezco una terrible enfermedad llamada despertar.

Hoy lo he hecho desde la sala,
en el mismo sofá incómodo de hace un año. Sin ti.

Ayer me dieron las llaves de un nuevo corazón,
que estaba más en silencio que el mío.

Ahora ya no quiero volver a abrir los ojos.
Creí que era la luz de un paraíso
pero seguía siendo la misma cárcel.
De hace un año. Sin ti.

Aún pestañeo esperando que aparezcas
con un 'te quiero
pero no te lo digo' en la boca
mientras me besas.

Capullo.  Estoy en modo recordarte y no se me acaban las pilas.

Y no te has molestado en llamar
desde hace un año.

Tampoco importa,
pero yo sigo despertandome con una soga al cuello,
aunque ya creo que es culpa
de dormirme vestida
esperando que tus manos me desnuden.

Perdóname,
se me ha metido un mal recuerdo en el ojo derecho
y no he podido evitar una sonrisa furtiva. Nada grave.

Ya sabes que no he querido nunca
evitar el daño.     Debería contarte
quién me hace ahora no llorar.

Mucho tiempo sin llorar me parece casi más triste
que mucho tiempo sin reír.

Aquí me tienes, detenida,
mirando por donde piso
por si rompo a alguien que no sea yo.

Por querer, ya no quiero ni encender el portátil,
te escribo desde el móvil, como una idiota,
por si de repente me agobio
y me da por enviartelo.

He vuelto a dejar los proyectos apartados,
y Ella me dice que hable con un especialista,
que una de mis personalidades está deprimida

y yo que no, que la deje.

Y ahí está, apartada y sola.

Necesito un vestido de flores
que me sonría a mí.

Aún quedan amigos; lo sé porque Carlos me ha enviado un audio borracho, y sigue queriéndome.

Porque Irene está triste, y yo voy a abrazarla en cuanto tenga dinero.

Y ya sabes que yo quiero a mucha gente,
pero por muy poca cogería vuelos.

Pero es que sus alas.

Desde que no lloro
no escribo. No tienes la culpa. Él tampoco.
Aunque le echo más de menos que a ti.

Pero a ti tengo que contarte lo de Manu. Y todo lo demás.
Que me des la mano
para empezar a romperme. De nuevo.

A derramar mares de una jodida vez. A beberme el roto y la copa.

El fondo del vaso me pone cachonda lo mire por donde lo mire,
y lo vea como lo vea.

Y ya no bebo para olvidar nada. Y prefiero la nostalgia.
Tonta yo. Que ya no me llamas.

Voy a soltar, otra vez los poemas.

A volver a mi abstinencia en los bares y el papel.  A cuidarme
la salud de hierro oxidado. A fingir la sonrisa.

A castigar a mis voces sin rincón de pensar.

A no abrir el facebook, por si tus fotos.

A no enviarte lo que pienso
ni siquiera borracha.

A dormir en una cama
que nunca ha sido mía, hasta que me mude de alma.

Que en esta ya no se puede querer a nadie.

Y mucho menos a mí.

lunes, 10 de junio de 2013

"Más indoloro en cada trago. Ya soy inquebrantable, por eso me rompo. "
                                                                  Álvaro Perals


En mis aceras se debaten la vida y la muerte, la soledad y la nostalgia... Todas borrachas de olvido,
de tristeza porque no las acompaño.

Ya no me siento a su lado a contar batallitas perdidas y guerras trasnochadas.

Se me hace más tarde cuando anochece que si madrugo.

Puedes pasear mis calles, he dejado las luces de mi alma encendidas. Ya no cargo mis cañones con poemas, se me ha secado la pólvora, el miedo y el seso.

Busco inspiración en el futuro y me sabe a nada.

Trato de acercar mi mano al pasado
y nada.

El presente no dura ya ni un instante. Y se me ha ido volando.

Tu recuerdo no me acuerdo a qué sabía. Y los pocos planes que me quedan no te incluyen.

Tierra a la vista, y yo ciega. He descubierto un mundo nuevo y para qué.

No te pienso, ergo ¿ya no existes?

Tus cicatrices no me queman cuando se acercan los días de sol. El cambio climático me ha abierto un agujero en la capa con la que envolvía las mariposas; a ceniza me saben los sueños que ya cumplí.

Las voces de mi cabeza ya no me hablan.

Que me quede o me vaya
de nada me vale
si ningún lugar me tiene
o me falta.

Estoy aquí y allá,
soy
porque todos somos. Un abismo.
Díselo a Nietzsche para que me mires bonito y yo te pueda admirar.

Esta saliva me sabe a alimento de tiburones.

Que crea en las personas no significa que tenga fe en la humanidad. Vaya asco.

Qué me doy.

Me clavas las pupilas en la distancia como esperando verme sangrar sin mirarme,

como queriendo otra herida.

Como culpándome por irme cuando te empeñabas en que no podía esperarte.

Me sonríes ahora, fingiendo una amistad que no tenemos,

recordándome tus besos,

diciendo: hoy te lo comería, cariño, para que no olvides que me has querido y te tengo, que toda tú sigues siendo algo mío.

Discúlpame los versos
en que te extraño.

Te sorprende -y a mí-
que siga viva después de
sobre todos

Aquí ando, creyéndome cuerda y sin ahorcarme...

Como cuando choca la ola contra un acantilado y te salpica, pero no consigues ver el mar. Así de ciega.

Como un eco tras una montaña que hace siglos que no escalas. Así de torpe.

Como pisando las brasas y, en lugar de quemarme, notarlas deshacerse a mi paso. Así de vacía.

Como una isla descubierta. Despedazada. Violada y abandonada a mi mala suerte. Como yo.

Tras una tragedia veo: Todas las dignidades muertas.

Y los sueños muertos.
Y las éticas
muertas.

Yo, por mi parte
no dejaré testamento
pero sí una nota de suicidio asistido, y, concluyendo diré que en mi epitafio
quiero que aparezca:

Es mi hora de sentarme a sentir cómo siento ahora que no me sentiré ya más.

Es mi adiós a mí, Dios. Espérame en la puerta, pero no abras
que ya tengo pagadas un par de noches de fiesta
en el infierno.

lunes, 20 de mayo de 2013

Prefiero la resaca.


Los lunes que te escribo,
con permiso de Ernesto.

Y seguiremos regalando flores.
Gracias a Juana.




Puede llegar tantas veces el invierno cuando tú no estás...

hay un sofá naranja,
una isla despierta, como me dijo Irene
cuando yo no sabía que no dormir
no era para tanto;

hay una cesta de fruta
podrida
que se parece a nosotros,

hay un niño llorando en el piso de abajo
y parece que nadie le hace caso. Como a nosotros.

Hay una tormenta de nieve
que me está abrasando por dentro

hace frío
y sudo por no llorar,

desde que no te veo prefiero que salga el sol a todas horas para que no me dé tiempo a soñarte nada,
ni un poquito.

Estoy buscando casa,
últimamente me paso la vida en hospitales,
me he replanteado dejar la carrera unas 40 veces por minuto,
sigo queriendo ir a África,
coger algún avión a algún lugar donde nadie me conozca,

-el otro día Satu me dijo que se va a Finlandia
y yo pensando en Laponia;
me contó lo de que durante un mes no hay noche allí,
y que era un asco,

desde entonces, te lo aseguro,
quiero vivir en Laponia.-

Los trenes siguen siendo la cosa que más pena me producen,
tan con una estación fija a la que ir
y siempre volviendo. Como si no les sirvieran para nada
los kilómetros que han vivido. Como a nosotros.

¿Has visto? Invierno de nuevo
a mediados de mayo.                             Y yo creyéndome noviembre.

Diría Robe ahora:
Ya todo el año me hace daño y me vuelvo a llevar
a patadas con la primavera.

Como alguien me vuelva a decir
que no puedo estar triste
le doy una hostia.

Llevo buscando tanto tiempo la forma de quedarme callada
cuando quiero decirte que quiero follarte,
que sólo he conseguido minimizar daños. Y hablar de follar
con otros. Eso también lo he conseguido.

Todo esto son cosas que debiera contarte
y no puedo,
porque no sé a dónde has ido desde que te fuiste.

Sólo me había enamorado una vez de unas manos,
las suyas. Pero ahora que he visto desaparecer montañas
es cuando he dejado realmente de creer en la magia.
Qué clase de artista amaría algo
que se va
de una manera tan sencilla.

A veces me encantaría tropezarme contigo y decirte
que he hablado con el destino y que aquí estoy,
que qué excusa vas a ponerme ahora.

Luego lo pienso mejor y me lo trago.

Últimamente sólo me trago palabras.

Me he dado cuenta de la sutil diferencia que hay
entre seguir con tu vida
y rehacerla. De la poca importancia que tienen las cosas que me pasan
desde que no eres tú;

es como cuando salgo de la ducha
y no me apetece vestirme
y no te encuentro en la cama para impedírmelo.

como sentarme a ver la tele durante horas
y no tener ni puta idea de lo que están dando.

Desde que bebo para olvidarte
prefiero la resaca,
que al menos me recuerda el porqué.



Lo reconozco, desde que no estás
no escribo a menos que sea para contarte
lo que no puedo contarte porque no estás.


Me estoy abrigando con todo lo que te echo de menos
para pasar otra noche en el infierno,
 sola.

No sé qué digo, ahora sólo estoy segura
de que en una da estas recaídas en tus recuerdos
voy a morirme

 de sobredosis                                                o pulmonía.

domingo, 12 de mayo de 2013

Cuidado con mis cristales.

Hace tanto que estás callado. No conozco tu piel. No te veo
ni te escucho danzando por aquí,

¿es que duermes o qué pasa?

Si has sacado a otra a bailar
mejor avísame.

Estamos a tiempo de perderlo.
Pero para el amor no te queda; eso que no se me olvide,
por favor.

¿A cuánto me cobras la sonrisa?
Mira que se me ha ido puliendo con las piedras que me han rodado por encima
y ahora ya no mido a quién se la regalo.

¿En qué aleteo desistirá la mariposa?

¿En qué cama te soñarán esta noche?
                                                       Además de en la mía, claro.

¿De qué grano harás una montaña de hambre? ¿A qué río culparás
de que no llores?

¿A quién devorarás hoy con rabia? (Yo aquí estoy, por si te sirve)

Te cambio mi buena muerte
por 7 años de mala vida a costa de tu reflejo roto.

Esta calle no lleva a Roma,
camina tranquilo.

Hay náufragos en desiertos.
Hablo de islas.

Y de mí.

¿Cómo no hacer caso a tus manos? Si prefiero madrugar en tus pupilas y
que me abraces cuando no sé qué es lo que espero.

Ojalá tu voz resuene dentro de mi boca
cuando despierte.

Se me han borrado las huellas dactilares de las caricias que no te he dado.

Me muerdo los labios por no quererte a todas horas,
y el sabor metálico de la sangre
me recuerda al avión
que nos separa. Y no quieres coger.

Haces más herida cuando me giras la mirada que el destino.
Cuidado con mis cristales,
son de las botellas de ron
que me he tragado por no olvidarte.

Yo ya sólo quiero dormir desnuda
en una playa
que no lleve tu nombre.

Perdóname... se me ha agotado la impaciencia: Me voy,
no quiero recordarme

que ya no estás.

martes, 30 de abril de 2013

A la distancia, que es muy puta. Y a ti,
claro.


Hay noches en que el insomnio se viste con tu nombre
y deja huella.

Como cuando gritas desde la cama
esperando que la montaña, solitaria y dormida,
responda a tu eco.

Como si el vacío se vendiese
por metro cuadrado a construir. Y tú dieses para ciudad entera.
En ruinas.

Como las noches en que dormir
es peor
que caerse al abismo
por voluntad ajena.

Como esperar una respuesta
evitando formular todas las preguntas.

Como dejarlo todo por esta distancia
entre tu sueño y mi insomnio.

Como el mar que me susurra que mejor
me olvido de ti.

'Y si no, qué' le dijo la Poesía a la razón.
Nosotros respondimos:
Pues mejor.

Quiero dibujar tu manera de dejarme sin corazón
cada vez que me miras.
Pero de este pincel que son mis dedos
sólo me salen
manchas de tinta
sobre la piel.

domingo, 28 de abril de 2013

*ponedle título vosotros*

Cariño, necesitamos distancia. Dos mil km me parecen muy pocos. Las 500 noches sin ti, me han parecido 19 días.

Soy un kamikaze desenamorado que ya sólo puede aprender a hacer crack.

Tengo que dejar la música, los excesos.

Ya no te quiero tanto.

La poesía que ahora me cuelga de las manos se parece demasiado a lavar los platos, a tender la ropa, al polvo de las botellas de ron que dejé en las estanterías.

Amor, no me sale llamarte amor desde que no me desayunas. Desde que en lugar de pasear desnudo, te vistes corriendo al salir de la ducha.
Después de correrte.
En otra casa.

Perdón por el drama.

Por recordar que habíamos olvidado. Por interrumpir de nuevo tus cuentos. Por despertar a los fantasmas.

Tengo sueños en los que ya no puedo dormir. Y es tu culpa, ¿quién te manda a soltarme la mano? Y lo que es peor,
porqué.

domingo, 14 de abril de 2013

Visceral


Hay que ser visceral
en los poemas,
el amor no lleva (a) nada;

visceral.

Cómo me gusta esa palabra,
ojalá salpicar todas estas paredes de ruido y vísceras,
y quitarte esa sonrisa de que todo va a ir bien
como si creyeses de verdad
en nosotros.

He soñado con cielos naranjas
y he creído estar en el infierno. He dejado de dormir,
te he buscado
y no estabas. Y he sabido que, otra vez, algo se me había muerto por dentro.
Como cada mañana desde que no estás.

Nunca fui un capítulo en tu vida,
como mucho
un verso que se te colaba
entre copa y copa en la bragueta.

Adoro las películas que me contabas
para que me fuese de la cama;
aquellas de fantasmas muriendo de soledad
y cada día más vivos.

Tengo el pecho vacío. Los pulmones
negros.
Las venas colapsadas del veneno de tu despedida.

La nostalgia me sigue pareciendo una puta
disfrazada de buenos recuerdos,
que cobra caro los billetes de vuelta
a una casa
que ya no se parece a nada nuestro.

He perdido trenes
que nunca me molesté en coger. Me he subido a aviones
por amor al arte
y a las personas. Y para qué.
La ilusión es el primer paso
para perderlo todo.

No creo en la tristeza
porque cada vez que quiero llorar me masturbo.
(De ahí que mi espíritu masoquista
se pelee cada noche por pensarte
y tener otro orgasmo)

Sé que he sido feliz
aunque no me he dado cuenta.

En fin, dime qué me has hecho, por favor.

O mejor,
no me lo digas
pero deja de hacerlo.

Y antes de irte
deja las llaves en la puerta
y recuérdame lo de las vísceras
para el próximo poema.

Poesía, porque me has abandonado.

"Los domingos sin ti
son días más tristes,
a menos que salga el sol,
entonces eres tú, que me estás brillando."
(No sé de quién es, pero.)


No escribo porque tú ya superas cualquier poema mío,
y no me atrevo.

Me acojona pensar he dejado las letras,
pero es que se me hace tarde
a diario
incluso cuando no tengo a dónde ir.

Prostituir un par de versos,
hacerlos trabajo u obligación,

esto no es poesía, porque me has abandonado. Ya ni me lo pregunto.

Al final creo que es ella quién me ha dejado sola, la poesía, digo,
por celos
o porque te prefiere a ti, aún no lo sé. Lo discutiremos en otro momento,
cuando no vaya con prisas
a ninguna parte,
ya me entiendes.

domingo, 31 de marzo de 2013

Este poema estaba pendiente de ver la luz,
pero hace tiempo que se había asomado
por mis páginas, conste.


Ya no sé qué es verdad
y qué mentira
cuando hablo de este dolor.

Tengo las piernas temblando,
y las siento palpitando
como si algo o alguien quisiese escaparse
o revolverse
entre ellas.

Cuando las miro, mis ojos laten al unísono
y no sé qué delirio
me está atacando esta vez.

Llevo un calor dentro
que me está quemando hacia afuera,
desde las puntas de los dedos.

De ahí mis cicatrices, corazón.

Cuando quiero calmarme
pienso en ti,
enredado en mi pelo
como un niño columpiándose en el parque

Te he buscado en una calle
encendida de futuro
y algo ha vuelto a salirme mal.

Vuelve el fuego

el dolor

y entonces te noto tirar de mí.

Con fuerza. Con rabia.

Y vuelvo a no saber si quieres
o intentas
domar a la bestia
o hacerme pagar todos mis fallos.

Me has dejado las rodillas desgarradas,
y con ellas, la garganta seca de
tanto gritar tu nombre;

me convierto en un mar dónde todos naufragan,
quiero decir:
llena de muertos y muerte.

Y me despierto, dolida,
sola,
vacía. Tú has dejado de ser mi inmortalidad y yo,
yo estoy sudando
aunque aún no has venido. Puede ser que hoy
otra vez
me acueste temprano
para no pensar en ti. En que te has ido, de nuevo
sin despedirte

En que me he quedado sin piel
y tú
te has dejado un poco de saliva
entre mis sábanas.

A ti


Gracias a Joaquín,
por las canciones,
por las puertas de emergencia.




He visto una sala de estar
dónde nunca ha estado nadie,

he visto casas sin tejados
por los que imaginarte bailando,

he visto luces
que no terminaban en túnel
sino en casa.

He visto gente caminando por la calle
como si les pesase el reloj.

He visto niños
que ya no salen a jugar
porque no saben
o prefieren ahorrarse el mal trago

de aprender a perder.

He visto a parejas rotas
dándose la mano
tras un nuevo encuentro.

He visto a parejas felices
que ni se tocan.

He visto nubes incapaces de nublarte,

y te he visto llorar
dejando al cielo más claro como el más oscuro.

He cantado en los pasillos
de los hospitales.

Perdí las ganas de Navidad,
Carnavales, y otras fiestas de guardar.

El verano dejó de interesarme
el día en que te quedaste después de despedirte.

Tengo miedo de contarte que tengo miedo,
a ti, como diría Sabina,
que te lo haces.

A ti que no me dejas limpiar la sangre
en la que ahogué tus recuerdos.

A ti que te paseas como un gato en celo
y nunca terminaste de creerte
aquel cuento de París.

A ti que no entendías la diferencia entre bailar sola
y un bolero.

A ti, que ya no quieres que te cuente
cuentos para no dormir.

A ti que me dejaste aprender a arañazos
lo caliente que se vive en el infierno.

A ti que ya no te quedan fuerzas
para pasarte por aquí.

A ti que no has llorado
ni una sola vez
nuestros errores. A ti,
que ya ni lees
lo que escribo
sobre ti.

Amor, no me he ido del todo, ya ves, a veces me asaltas en la noche
me tocas los versitos que inolvidablemente te escondo a diario

y ya no me caben otros besos

Pero ahora consigo ir caminando en dirección opuesta a tus pasos,

para verte fuerte y valiente,

para recordarte irrompible

para no saber en cuántos pedazos
te partí.

Ahora me siento en la ventana,
como si mirar a la calle
volviese a mostrarme la vida que puedo permitirme,

y sonrío tonta,
creyéndome dueña de algo
aunque sea un sueño
que casi puedo tocar.

Y me quedo parada,
fría
esperando que alguna canción me saque de este lío.

Pero            al final
 siempre termino viendo
esa pared verde,
 en ruinas
del edificio de enfrente.

viernes, 22 de marzo de 2013

El cuento que acaba por el Principio de repetirse.

Me despido en las aceras corriendo. Bajo una lluvia que empapa si le da la gana.
Te beso en la mejilla porque es lo correcto.

Te prometo que luego te escribo que llegué bien, que no pasa nada.

Que si mañana nos vemos te enseño cómo sobre-vivo y dónde. Que el 508;
toca, que tengo la puerta abierta para ti.
Tú siempre has tenido entrada libre desde que hace dos años apareciste, y
dos años después,
aquí sigues. Ya sabes, que si me acompañas a casa, beso-seguro de vida. Eres mi ambulancia.

Que te he echado de menos y ya te estoy echando. Que vuelvas.
Que cuánto tiempo esta vez.
Que si te quedas a desayunar.
Que qué hago conmigo y contigo.

Tu coche azul cielo nublado se ha evaporado en la curva y yo sigo pensando que
qué
hago contigo,
y conmigo.

Que te he puesto el desayuno en la mesa, osea,
en la cama. El despertador da marcha atrás, no te vayas. Todavía.

Prefiero tus tontas excusas para verme, que las idioteces que te inventas para no venir.
Soy demasiado conformista, ya me conoces, no me hacen falta motivos para esperarte.

Lo más bonito que va a sucederle al amor, voy a hacertelo a ti en cuánto llegues.

Te he escrito otro poema,
ya ves, no pasó nada.

Te saludo con un beso en la mejilla,
porque es lo correcto.

Ha salido el Sol, te desnudo corriendo al entrar por la puerta.

Empezamos.

lunes, 11 de marzo de 2013

'Del alcohol nace tu risa', me dices.


'Amor, esta mañana otra vez
he vuelto a masturbarme
pensando en ti'.
Un No tan Anónimo.
Al que le dedico mis vidas pasadas. Por ron.


Hazme el favor de dejar de manosearme así el corazón,
cariño, que ya no sé si estoy dispuesta a correr
o a correrme.

Aún no sé si te quiero,
probablemente sí, casi seguro.
Es más, a veces tengo unas ganas irrefrenables de ir hasta ti
y contarte esto:

Que lluevo en la cama
mientras me brilla el sol en el techo.

Que pienso en chocarnos
como si de un accidente de avión se tratase
y fuésemos las alegres víctimas
que murieron en el intento de ayudarse a levantar. No sé si me explico
o es que sólo quiero llamarte, Atención.
La curiosidad le pidió un beso al gato,
y al final tuve que matarlo yo, joder.

Voy a seguir marcándome la piel hasta que se acabe la tinta,
no lo dudes.

Puedo matar por compasión y morir por sobredosis de abstinencia.
Qué le voy a hacer. Todo lo que le pido
a cada noche
es poder colocarme otro poco
con tu semen.

Amor, no sé nada de nosotros,
sólo que éste mar que nos baña está gritándote: Ven y mójate,
no importa de quién o con qué, pero ven rápido.

Recuerdo que aquella primera vez que intenté soñar
te encontré a ti
              volando
                   salvando paraísos
                        luchando
                                por un mundo
                                         mucho mejor.
Por eso te dije que nunca me quedaría,
nunca,
nunca. Y al final
te quedaste tú conmigo. Perdón por el daño.

He bebido de más y ya he vuelto a sonreírte.

Te había avisado de que no vine al mundo
para romper aún más
almas ya rotas,
sino para encontrarlas y resucitarlas. Ese complejo de
heroína, a la que te has enganchado, ya sabes.

Las rayas no existen, apunta, son sólo muchos puntos -o gramos-
en una recta. Es por eso que no creo en la línea de la vida
o eso me digo
para dormir mejor.

El infinito siempre me pareció un cero bailando la danza del vientre
con la que aún no te he seducido. Verás,
sé que todo tiene un principio,
pero a mí me acojona no tener idea de qué tan lejos lo dejé.

Llevo el peso de otras personas en mi costado. Cómo te haré entender
que en la tercera costilla de la derecha tengo 12 años y estoy llorando en un parque de Buenos Aires.
O que en la séptima izquierda,
ésa sí que duele,
me estoy desangrando en un barrio de Ámsterdam. Que en una de las vértebras de mi columna,
la segunda desde abajo
si no me equivoco,
estoy en Perú paseando de la mano de un niño moreno que me dice mamá.
Cómo te cuento esto sin que me tomes por loca y te vayas,
Te vayas ahora que estoy aquí para salvarte,
ahora que voy a quererte sólo como puedo:
a pelo
y sin medida. Ni tiempos.

Ya te lo he dicho: no he venido para quedarme, no sé hacerlo,
sólo estoy para besar tus rotos cuando te sientas abandonado,
para ser un parche
que puedes quitarte
quitarme
cuando quieras.
Te arrancaré la bala y dormiré en tu herida
hasta que sane.
Y tú serás otra muesca en mi espalda,
otra historia que no sé si recordaré en mi próxima vida.

Y entonces, volveré a marcharme,
para siempre,
otra vez
antes de que despiertes. O yo tenga otro orgasmo
de tanto verte suspirar.

viernes, 8 de marzo de 2013

De problemas y otras taras mentales



"sobre todo si él tiene los huesos tristes
y ella quiere sonreír pero no puede."
Mario Benedetti - A la izquierda del roble


Me culpas de olvidarme de ti
como si no supieras
que de tanto beber de copas rotas
no puedo recordar ni mi nombre.

Cómo no voy a querer llorar, cariño,
si me he vuelto una persona que finge sonreír a diario.

Cómo no voy a llamarte Amor,
si no sé quién eres.

Te hablé de mi fantasma creyendo que lo ibas a entender,
que ibas a encontrar algo que explicara mis alucinaciones,
que compartirías mis delirios.

Qué sorpresa, de pronto te quiero,

qué decepción,
ya no eres quién pensé.

Ya sabes que de estos huesos que no son más
que peso muerto en mi vida
no quedará más que el polvo que me dejes echarte antes de irme.
El placer frenético de la efímera libertad que me ata a tu cama.

No sé,
qué ganas de un poema que te desgarre por dentro
ahora que correr sólo es un verbo de huida
y nada tiene que ver
con tu saliva entre mis piernas. Qué ganas, amor,
de que digas mi nombre tras una pesadilla,
y busques mi mano
y la encuentres inmóvil sobre ti. Qué ganas,
amor, pregunto,
al tener todos los estereotipos apuntándote,
dictando en tu espalda
las normas para ser feliz.

¿Qué ganas, dime?

Si tú supieras cuántas esquinas me han conocido
y me han besado.
Si supieras que siempre me estoy yendo
y por eso no te dejo quedarte conmigo,
porque yo no me quedo,
nunca
en ningún lugar.

Ahora que
sólo confío en la ley de la calle
que me acoge cuando no puedo dar dos pasos más
sin vomitar un poema.

Ahora que
voy sin frenos a ninguna parte,
que me siento una bala cobarde arrinconada en la recámara.

Ahora que todo problema es vivir frente al mar
y sólo ver un muro.
Es haberme dejado la ternura
en alguna habitación que no era la mía.

Es no saber qué siento por este corazón,
que, tonto de él, se empeña en hablar de ti,
ni por estas bragas,
que, en este caso,
hacen lo mismo.

Cuéntame, y te cuento otro cuento, amor,
el de que mientras no estabas
yo he estado cansada de no dormir,
por si así encontraba algo con lo que soñar
de una vez.

Que hace tiempo que no me acuesto con la misma idea
con la que me levanto. Pero las dos follan que no veas.

Que tengo al lado suicida del corazón
gritándome muy alto para que le haga caso.
Y ya no sé si ceder a sus peticiones, ahora que hasta los boleros me han abandonado.

Al menos puedo decirte que ya he dejado de pintarle flores a tus cerezos
y me da, cada vez, más igual la primavera.

Que he aprendido a dejar de pillarme la vida con todas las puertas que cierro.
Porque la vida es sueño
y los sueños,
¿se comen o algo? Porque me está entrando hambre
de tanto portazo.

Cada vez que parpadea una luz cerca mío
espero que seas tú
llamando. Pero nunca llamas.

A este miedo de no saber volar si no es contigo
no sé qué nombre ponerle,
a esta herida
ni se lo busco.

A tus vicios sigo dispuesta a acostumbrarme.

Ahora sólo me queda la distancia.
Que qué cojones tiene que estés tan lejos
y yo te sienta durmiendo a mi lado,
y tenga que echarte así de mis sábanas: como si estuvieras.
Como si hubieses existido en algún momento.
Como si a mis costillas no les faltaran tus golpes. Ven y duéleme un poco más,
te pido, una última vez,
por favor.

domingo, 24 de febrero de 2013

Estoy contigo.


A Tania,


porque ella nunca estará lejos.


Estoy aquí
sabiendo que parte de mí está ahí, contigo, esperando otros cinco minutos de abrazo.

Estoy aquí
haciendo de mi casa
una casa mejor donde encontrarte descalza por el pasillo,
y hacerte cosquillas en las manos cuando estés triste
donde pueda poner canciones que hablen de ti,
y donde saltar al abismo no sea más que volar.

Estoy aquí
soñando con soñar a tu lado,
pensando en qué desayuno te haré el domingo
cuando tengas resaca de los besos con los que te emborracharé la noche antes,
deseando que mañana no te vayas,
que no haya vuelo que nos separe, otra vez.

Estoy aquí, mirando la sombra del gato que maúlla al vernos,
que se arrastra por las esquinas buscando mimos
celoso
de que seamos nosotras quiénes terminemos acurrucadas la una con la otra.

Estoy aquí,
pero ahí también, contigo, amor,
y estoy feliz de haberte encontrado
aunque sea en la distancia, te he encontrado,
y sé, entonces,
que tú también me buscabas,
y que ahora estás ahí
y aquí, conmigo.

miércoles, 20 de febrero de 2013

"Bellos suicidios"

"Paso por mi vida, pero no es mi vida.
Necesito descansar, quiero parar ya
pero no estoy cansada de nada. Y luego
están los otros, tan ufanos, tan convencidos
de que existen. Me dan vértigo.
Bellos suicidios.

Me he despertado
desnuda y vacía. El día afuera grita playa,
y yo aquí dentro no sé si llueve,
si el campo está empapado,
si me estoy revolcando en el barro o
sólo juego a pisar charcos de resacas.

En realidad
ni la cabeza me duele.

En realidad no me conoces
nunca has sabido interpretar mis pestañeos
o mi manera de dejar que
las manos caigan agotadas
de resistirse a tocarte.

De pensar en la caída me he vuelto la peor funambulista del circo.

Ahora más que caminar por la cuerda floja,
me dedico a abrazarme a ella hasta cortarme los dedos
y los brazos.

Ahora se me hace rutina vomitar en los bares

Y eso que pensaba que se me había olvidado cómo llorar.

La gente más bonita del mundo se ha olvidado de nosotros, corazón,
o más que olvidarse, está viviendo feliz
y no son compatibles con estos despojos en los que nos hemos convertido.

Como siga explotando de esta manera no me quedarán muchos días. Poets die younger, babe, you know.

El suicida que llevo dentro ha cogido el micrófono
y se ha puesto a cantar el bolero más triste que se encontró en mi cabeza,
qué cabrón. Sabe que si me dice "salta" saltaré;
sólo estoy esperando el empujón que me ayude a hacerlo. (No quiero decirlo muy alto, que me quieren encerrar las alas por loca, y volverme cuerda terminará matándome primero)

Estáis tan en contra de la muerte
porque os acojona no poder llegar a ser inmortales.

La vida habla de que puede superar cualquier obstáculo, ¡qué cobarde!

pero no dice nada de que nos hayamos olvidado. De volar digo.

De discutir cuando llevas las razones hasta el fin.

No sé si me explico, o si mejor me callo.

domingo, 17 de febrero de 2013

'Pero sus ojos, tan distintos. 
Y entonces lo entendí. 
Ya no se iluminaban conmigo. 
No era yo quien los coloreaba 
ni eran ellos los que me daban la vida. 
Ya solo me dan adiós'
Bibiana Manganell

De las despedidas
no aprendí una puta mierda. Literalmente. Seguí llorando en los andenes,
en los aeropuertos
e incluso en las paradas de taxis al salir de cada fiesta.

Me quedé con una vida de sombras;
muy bien señalizada, eso sí,
con focos alumbrando cada error. Dejé de creer hace mucho
que alguien sea capaz de resucitarte con colores y besos.

De la muerte nunca quise salvarme,
ni volver. ¿Para qué?

Antes imaginaba qué era el olvido.
Me gustaba pensar que era un niño con el que nadie quería jugar,
o una llamada perdida en el número equivocado.

Al final era la indiferencia.

No un 'no me hace falta', no,
era más como decir: joder, y tú quién eras que ya ni te conozco.

Como quedarte sin palabras. 

Olvidar era dejar de quererle escribir a todas horas.
Era que no parase de sonar en tu cabeza el Lichis
entonando el 'Que te follen' más fuerte de tu vida.

Olvidar,
qué sé yo, se parecía a no recordar el calor de sus manos,
ni sus besos en la espalda,
ni la forma en que se corría al abrazarte.

Olvidar era que se te agotaran los planes y las pilas. Y dejar de querer ir a por más.

Pero ahora casi nunca pienso en eso.

Me dejo acariciar alguna que otra vez,
pero no muy a menudo, no sea que se me vean las cicatrices.
No sea que me encuentre de vuelta
cuando me dejo llevar.

Ahora
le cuento que nadie me echa de menos
ni me canta eso que decía Joaquín del "no consigo olvidarte",
ahora no me caigo, porque me paso el día en suelo.

Ya no me hace falta que no esté para saber que se ha ido.

Ella me soltó un día 'somos los recuerdos de un pozo de olvidos.'
pero la corregí diciendo: de un polvo, cariño, de un polvo de olvidos.

Y seguí follándome la vida

Y seguimos ahogándonos 
las dos
en una copa
por cada bar de dudas.

jueves, 7 de febrero de 2013


Ayer,
mientras subía en ascensor al piso de la decadencia
no paraba de pensar en nosotros.

En que a veces te me haces cuesta arriba,
como si tuviera que tirar de ambos para llegar a alguna parte,
y yo ya estoy muy cansada de tirar de mí.

Me iba genial con mi coraza,
con mis besos a media asta,
con vivir del recuerdo, o con él.

Pero tenías que llegar con sonrisas.

Y tenias que pedirme explicaciones sin hablar.

Tú, que no comprendes que podría enamorarme tan fuerte,
que tengo un cúmulo de distancias desbordado ya,
que ya no le quiero,
y eso duele.

Tú, que aún no lo sabes.

Tú y tus mensajes a las 5 de la mañana
diciendome que soy los minutos mas bonitos de tu noche.

Aunque desaparezca antes de que enciendan las farolas.

He pasado por el bar para ir a clase.

He salido tantas veces de él a estas horas,
y qué distinto me parece.

De madrugar y dejar el alcohol he aprendido que la vida es una mierda.
Que me sigue latiendo el pecho a ritmo de blues
cuando nadie me oye,
cuando es muy temprano para bailarte desnuda.

Que prefiero la copa y la barra,
y arrastrarme por las aceras,
a esta cotidianidad tan horrenda que parece tener absorta a la sociedad.

Qué clase de infelices pueden vivir así.

Sin dolor. Sin resaca. Sin el sabor amargo de otra noche gastada,
y otro día perdido hasta las tres de la tarde.

Qué clase de infelicidad hay en ser feliz,
en el equilibrio.

Cariño,
anoche me enfundé los tacones para dejarte huella,
me pinté los labios
y me ricé el pelo. Qué suerte que lo hayas notado,
y qué mal que me den ganas de llamarte a estas horas.

Te tengo prohibido tenerme de día.

Mis fantasmas aparecen con el amanecer
y no con la oscuridad. Me llevo tan mal con la luz...

No quiero que me veas así,
sangrante.

Dispuesta a dejarme arroyar por cualquier coche sólo por no dar un paso más.

Dame la mano,
que vienen curvas y te voy a besar.

Si me salvas de otra primavera, me quedo.

Aunque supongas sumarle otro kilómetro a mi espalda.
Aunque tenga que dejarme de nuevo la piel de serpiente
para ser la niña que sonríe.

De mis restos sólo queda la consecuencia
de querer vomitar en el papel una cosa:
Puedes llegar a ser el poema de mi vida.

Y ya no sé si es pedirte perdón o permiso.

Pero tú te preguntabas si había perdido tus labios de vista,
y cómo no voy a querer coserte a besos
con las balas que lanzas al corazón.

martes, 29 de enero de 2013

Ven.

Ven,
clávame el puñal como si creyésemos en Cupido;

no recuerdo si el corazón me servía para algo,
pero mi espalda espera heridas
como tú el humo del último cigarro antes de dormir.

Ven,
como si no supiéramos echar de menos,

como si existiera una palabra que contuviese todo este vacío.

Ven, retuérceme el cuchillo
y disfruta del daño.
Ven aunque no te lo pida.

Ven para nunca quedarte. Y quédate.
Y vete lejos.

Y átame a los hierros de tu cama
y te enseño qué es la libertad.

Ven con la misma cuerda con la que vas a ahorcarte, y susúrrame canciones. Ven con el mismo sueño que evitas, y duerme a mi lado. Ven, que nos ponemos dulces, y duros.

Sé mi pesadilla.

Vuela, y caeré contigo si caes. Y miraré al abismo por ti, y me tragaré tu semen y todos tus miedos.

Ven aunque me haga pedazos cuando el avión despegue. Y tenga entonces aún más razones para aferrarme a una copa.

Ven, que ya volveré a mi nueva vida para olvidar tu nombre, sabiendo que tú tampoco pensarás en el mío.

Invítame a café una tarde cualquiera, deja de llamarme.

Pierde el tiempo, gástate.

Llevo tu ropa como tu alma pegada a la piel. Al menos cada vez que me tocas recupero la fe en la vida.

Podría morir con tus manos entre mis piernas;

no me pidas que hable de mi
si no estás.

Róbame aún más besos.
Elige a otra. 

Pero, por si acaso,
no te olvides de venir.

martes, 15 de enero de 2013

Nieve.

A ti, porque existes
y no me faltas.

Está el amor en huelga con nosotras,
y sin embargo nos abrazamos la distancia
como quién busca que una canción
te salve del miedo.

Tienes nombre de que la calle te sonría
cuándo te quedas en casa
buscando alguna excusa para no brillar.

Tienes nombre de frío, como dices tú,
pero sé que eres la primera en arder
si hay unas manos que intentan encenderte.

A lo mejor ya no sé sonreír
si no eres tú quién me lo pide bajito
desde el teléfono.

A lo mejor eres una guitarra
a la que le hace falta que le afinen las cuerdas
para tocar su mejor canción.

A lo mejor ya te quiero,
porque me enseñas que del abismo se puede salir
si te tengo al lado

y puede ser
que estas aceras se estén muriendo de ganas
de tomarte de la mano
para calentarte ese alma.

Quizá me equivoque,
pero tú a la nieve
le cambias el significado.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Aunque no llueva

A Ella
que me dejó ser el chocolate de su vida.

El amor llama al amor cómo por inercia,
eso es un hecho demostrable en caricias.

Por eso creo (o mejor: afirmo) que teníamos que encontrarnos.

Esto no es un poema.
Dudo que haya verso capaz de contenerte,
créeme,
no te he visto nunca y ya sé que eres el motivo de que exista la idea de un Dios.

Tenías que disimular toda la magia que llevas escondiendo en tus vidas anteriores.

seguramente,
en algún momento de cualquier lugar
alzaré las manos por ti, musa,
que eres una victoria por celebrar.

Romperé cualquier duda o barrera. Si tú eres el premio,
me valen todas las guerras, amor.

E incluso el fracaso me vale
si es que no te consigo
pero te veo sonreír. Incluso eso sería otra batalla ganada.

Ven y salta conmigo.

Soy una caída libre de ataduras,
pero blanda en el fondo. Asómate a mi abismo,
no va a dolerte,
y aunque sientas frío sabré darte calor.

Calla ya, y baila conmigo bajo la lluvia.

Aunque no llueva,

aunque no calles y ya sólo nos quede este abrazo
que vuelve a llamarte/se amor.

martes, 25 de diciembre de 2012

Ni el mar, amor.


Yo seguía escuchando el mar
en una ciudad ajena
a cualquier playa,
demasiado lejos de cada ola.

Escuchaba un mar embravecido
insistente en hacerme recordar un noséqué,

un mar como el nuestro,

el que encontraba en la terraza
que me vio crecer con barandilla de hierro
que se me antojaba cárcel
antes de ver cualquier bandera.

Escuchaba ese mar
que se asomó a tu ventana
aquella mañana de -puede que- verano
cuándo nos tuvimos por primera vez
en tu cama de dos metros
que se me antojaron
dos abismos
cuando te separaste de mis labios
y te vi olvidarme así,
tan fácil y rápidamente.

Escuchaba el mar
que te vio tocarme debajo del bikini
mientras el frío
se nos iba del cuerpo en cada ola
y te notaba crecer
por debajo de mis miedos
y la cintura.

Y aún hoy escucho el mar, amor,
y me tiemblan las piernas pensándote
más lejano, incluso, que yo
de esas aguas que nos deben tanto,

y te busco derramandote sobre otras
que no saben de ti
ni la mitad que mi saliva,

y vuelvo a llorarte ríos, amor,
ríos enteros de flujo y semen
que ya nunca
se unen
para hacernos gemir al unísono, amor,

ay, amor. No me dejaste quererte así,
ni el mar, amor,
ni el mar me dejaste.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

E incluso sin haberte visto.

He visto una noche envidiosa,
llorando la injusticia de preferirte
en susurros
que a ella a gritos.

A los poetas desangrándose
sobre las paredes,
a brazos abiertos,
con la inmoralidad tatuada tras sus estrellas
como tus lunares.

No he visto nevar,
pero lo he imaginado sin frío. Y te he imaginado a ti, después,
abrazándome
como quién abraza una duda,
es decir: con cuidado para que no quepa el daño.

Te he visto capaz de amar, amor,
y de abrirte de piernas a la vida
para que tuviera
de verdad
una razón de ser.

Y, así, cachondo el mundo,
serías tú la causa de muchas guerras. Y la consecuencia.

Y sé que serías también quien pusiera una flor
por cada cien cañones,

y la primavera te desnudaría
en versos,
y habría una paz imposible de romper.

He visto de nuevo a la noche aún más envidiosa
menos inmortal sin ti. Y al placer
cobrando un sentido diferente desde tus manos.

Y nos vi, flor nevada,
carretera arriba en el mapa
en busca de una casa que nos entienda,

quitándonos vendas de los ojos
como el que mira por primera vez
al abismo
y éste se reconoce derrotado
con toda la belleza;

y nos vi gatas callejeras
por calles que no nos merecían,

y dejando realmente desiertas las playas
y a las ciudades con más ganas aún,

y supe entonces,
incluso sin haberte visto nunca,
que cualquier lugar
sería perfecto
contigo a mi lado
bailando sobre la cuerda
que nunca nos iba a atar.

martes, 11 de diciembre de 2012

Sumo y sigo.


Bebo el café cómo por rutina,
calentándome los pies
sola
como casi siempre desde que te fuiste.

Sonrío
porque me obligan los alrededores
y porque no hay que defraudar a los vasos
que me devuelven siempre una hostia
cuando me prometo que de esta semana no pasa que te llame.

Lloro menos
desde que tus fantasmas no vienen
si no es de noche
para follarme un rato
y largarse con caras alegres. Alegre como tú
cuándo te ibas de madrugada.

Escucho la misma música creo,
desaprendí a pintar
y cada día me queda mejor
mancharme las manos
con otras manos
y pintura.

A veces me pregunto
si te preguntas qué nos pasó.

Te recuerdo sentado
mientras me dabas explicaciones
y yo me contenía para no gritarte lo cabrón que habías sido estos años.

Estos años.

Ya casi nunca dueles,
ya casi nunca nada.
porque casi nunca tengo que recoger mis pedazos,
aunque eso sí que duele. Verme entera
y sin ti
es como no verme.

Tengo la intención de irme tan lejos
como no pueda. Quiero llenar las paredes
de nuevos gritos
y que no sean de auxilio ni perdón.

Estoy harta de pedir perdón.

Todo lo que espero del futuro
es verme sola
por un tiempo.

Y dejar de contar el tiempo entonces.

Y dejar de esperarte a ti,
me digo.

No sé si algún día volveremos a sentarnos
y sentir
arena negra
bajo los sueños,

ni si quiero que me veas ahora
dibujando tonterías
con sombrero
lápiz
y copa.

Sólo sé
que sigue
sin
pasar
nada
sin ti, y sin embargo
he pasado
he vivido,
sumo
y sigo.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Solías decirme con tus silencios
que las noches sin luna
mejor desnudarse solo,


que tomar la mano
en lugar de una copa
era un insulto a mis versos


que ojalá verme
sonrojada y sonriente
con aquella cara de sexo, según tú,
tan preciosa;
escribiendo,
siempre borracha y a la vez serena,
siempre ausente
y desnuda en piel y alma.


Repetías incesante
que tenías un corazón canalla del que no debía enamorarme,


que yo no sabía querer bien
y que a golpes
tampoco lo entendería.


Me pusiste un muro a la altura de tus miedos
y me prohibiste aprender a trepar.


Me dejaste la arena pegada a la piel.
pero te llevaste el mar y la playa
en cada viaje.


Te me hiciste tan inalcanzable, cabrón,
y un poco
te odié por ello.


Pero ahora,
a oscuras,
nos pienso alegres, exhaustos
y desgarrados en la cama
y aún recuerdo los espasmos de tu polla
justo antes de correrse
en mi boca,


y eso, cariño,
muy a tu pesar,
comprendí que era el amor
y no los versos de Neruda.

lunes, 22 de octubre de 2012

Nostalgia

¿cómo se sacan las castañas del fuego?
respondo lo que aprendí
viendo en las manos quemadas de mi
madre:
quemándote
para que así otros,
los tuyos,
no se quemen.


La nostalgia, un poco, se define recordando
que cuándo era pequeña, al acabar de comer
veía cómo Ella salía al patio de casa
para fumarse el cigarrillo que no le dejábamos encender en la mesa,
y cómo se sentaba en las escaleras
a las que no podíamos subir muy rápido
por si las moscas,
y se pasaba un rato hablando con las flores,
flores que casi siempre
le devolvían la sonrisa.

Supongo que es también
un sentimiento de culpa por no haberle dado más la mano,
o no haberla quitado en el momento justo
y ahora andar quemados
de tanto ponerla en el fuego
pero no arrepentidos.

La nostalgia es
pedirle perdón por no haberla visto fuerte
con lo fuerte que es Ella
y haber seguido jugando con los años.

Y es pasar un verano encerradas
hablando de todo lo que,
como hija rebelde
y dolor de cabeza por excelencia que soy,
me había jurado no contarle.

Y es que la nostalgia se cree poeta,
pero en realidad es muy puta,

y hoy me ataca desde la niñez,
y lo siento,
pero habla de madres,
de mi madre,
que se rompe porque no sabemos agradecer
como merece
y siempre,
sin excepción,
nos espera con la comida en la mesa cada fin de semana,
por si acaso.

domingo, 14 de octubre de 2012

A una testaruda

Un día de estos te como
de lo frágil que te pones por culpa de las gilipolleces de otro.
de lo torpe que crees que te vuelves,
de lo rota que te veo por no llevar las riendas.
Un día de estos,

el menos pensado,
voy a demostrarte que te voy a dar la mano
hasta que te tires sola a la piscina,
y estará llena, por fin, y no habrán más golpes.

Que a lo que me refiero es a que no eres estúpida,
que lo que te pasa a ti es que tienes corazón
¡TE SOBRA CORAZÓN!
a ver si te lo metes en el coco, guapa.

sábado, 13 de octubre de 2012

Ahora que te has ido de verdad,
leo nuestros poemas
y ya ninguno parece que te haya nombrado nunca.

Ahora que no me llamas,
ni te llamo
ni gritamos eso de que jugarse la vida sería tan bonito.

Ahora que tú no apareces en casa
y yo no te pido que lo hagas,

Ahora que no estás

Y ya no dueles.

Paso los días hablando del Ahora
para que tus ayeres
no me pisen.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Un grano de arena


Acabarán los días
rutinarios,
consecutivamente
las noches harán de ti una voz desabrida
en las que te encontrarás solo

solo, ahora
que el sexo de algún pobre desconocido
me apura un sordo gemido al aire
que recuerdo tus manos
y me lleno los ojos de amaneceres pasados,
que las lágrimas me cubren de nombres
que no van más allá de tus letras.

No,
no es recordarte
el ejercicio que hago mientras tú caminas,
no,
son los besos amargos
el sin-amor ese que tan poco gusta
y sabe tan a ponernos en marcha y fluir,
fluir ríos enteros de semen
y muerte

Es algo así como que ya nada tenga sentido
y que cada vez me quiera más. Y no es tristeza
sino ganas de vivir las otras vidas

tal vez ahora sea

un grano de arena
en medio del desierto.

jueves, 12 de abril de 2012

Hoy es día de cebollas.

Cómo todos los poemas que ayudas a que salgan,
este también es tuyo, gorda. Por ser mi refugio,
siempre, te quiero.

Hace varias vidas que te encontré
y te quise por tus calcetines,
(eso creo que nunca lo supiste)
siendo las pequeñas,
con tus mayitas.

Y te vi un día de casualidad
no recuerdo porqué ni dónde
pero te vi pasar,
y supe quién eras, y te adoré igual,
y tus calcetines.

Pero desde hace un año hasta hoy
venimos plantando campos de fresas
en días que se nos pintan azules
(porque tú eres azul entera,
y yo eso lo tengo en cuenta)
y a base de cultivos
nos hacemos felices mutuamente.

Las mentes,
la gente creciente y decreciente,
decrecientes deficientes,
sólo tú me entiendes.

Y a veces de cebollas,
los campos de cebollas
por llorar sin razón
y con ella.

Campos enteros a sangre segados
cegados los ojos de tanto dolernos
de tanto llorarnos
de desquerernos.

Y las lechugas,
cuánto dicen las lechugas eh
pues si te gustan que te gusten, y chócala, joder,
a ti te tienen que querer bien.

Pues quizá nos dé por ahí dentro de poco,
quién sabe.

Y las personas menguantes,
de eso sí sabes.
Y las vacías y las llenas.
Tú eres de las llenas, aunque no lo creas.

Y aunque de llorar sabemos de más,
desde hace un año a aquí.

Siempre las cebollas.
Hoy es día de cebollas.