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viernes, 8 de marzo de 2013

De problemas y otras taras mentales



"sobre todo si él tiene los huesos tristes
y ella quiere sonreír pero no puede."
Mario Benedetti - A la izquierda del roble


Me culpas de olvidarme de ti
como si no supieras
que de tanto beber de copas rotas
no puedo recordar ni mi nombre.

Cómo no voy a querer llorar, cariño,
si me he vuelto una persona que finge sonreír a diario.

Cómo no voy a llamarte Amor,
si no sé quién eres.

Te hablé de mi fantasma creyendo que lo ibas a entender,
que ibas a encontrar algo que explicara mis alucinaciones,
que compartirías mis delirios.

Qué sorpresa, de pronto te quiero,

qué decepción,
ya no eres quién pensé.

Ya sabes que de estos huesos que no son más
que peso muerto en mi vida
no quedará más que el polvo que me dejes echarte antes de irme.
El placer frenético de la efímera libertad que me ata a tu cama.

No sé,
qué ganas de un poema que te desgarre por dentro
ahora que correr sólo es un verbo de huida
y nada tiene que ver
con tu saliva entre mis piernas. Qué ganas, amor,
de que digas mi nombre tras una pesadilla,
y busques mi mano
y la encuentres inmóvil sobre ti. Qué ganas,
amor, pregunto,
al tener todos los estereotipos apuntándote,
dictando en tu espalda
las normas para ser feliz.

¿Qué ganas, dime?

Si tú supieras cuántas esquinas me han conocido
y me han besado.
Si supieras que siempre me estoy yendo
y por eso no te dejo quedarte conmigo,
porque yo no me quedo,
nunca
en ningún lugar.

Ahora que
sólo confío en la ley de la calle
que me acoge cuando no puedo dar dos pasos más
sin vomitar un poema.

Ahora que
voy sin frenos a ninguna parte,
que me siento una bala cobarde arrinconada en la recámara.

Ahora que todo problema es vivir frente al mar
y sólo ver un muro.
Es haberme dejado la ternura
en alguna habitación que no era la mía.

Es no saber qué siento por este corazón,
que, tonto de él, se empeña en hablar de ti,
ni por estas bragas,
que, en este caso,
hacen lo mismo.

Cuéntame, y te cuento otro cuento, amor,
el de que mientras no estabas
yo he estado cansada de no dormir,
por si así encontraba algo con lo que soñar
de una vez.

Que hace tiempo que no me acuesto con la misma idea
con la que me levanto. Pero las dos follan que no veas.

Que tengo al lado suicida del corazón
gritándome muy alto para que le haga caso.
Y ya no sé si ceder a sus peticiones, ahora que hasta los boleros me han abandonado.

Al menos puedo decirte que ya he dejado de pintarle flores a tus cerezos
y me da, cada vez, más igual la primavera.

Que he aprendido a dejar de pillarme la vida con todas las puertas que cierro.
Porque la vida es sueño
y los sueños,
¿se comen o algo? Porque me está entrando hambre
de tanto portazo.

Cada vez que parpadea una luz cerca mío
espero que seas tú
llamando. Pero nunca llamas.

A este miedo de no saber volar si no es contigo
no sé qué nombre ponerle,
a esta herida
ni se lo busco.

A tus vicios sigo dispuesta a acostumbrarme.

Ahora sólo me queda la distancia.
Que qué cojones tiene que estés tan lejos
y yo te sienta durmiendo a mi lado,
y tenga que echarte así de mis sábanas: como si estuvieras.
Como si hubieses existido en algún momento.
Como si a mis costillas no les faltaran tus golpes. Ven y duéleme un poco más,
te pido, una última vez,
por favor.

domingo, 24 de febrero de 2013

Estoy contigo.


A Tania,


porque ella nunca estará lejos.


Estoy aquí
sabiendo que parte de mí está ahí, contigo, esperando otros cinco minutos de abrazo.

Estoy aquí
haciendo de mi casa
una casa mejor donde encontrarte descalza por el pasillo,
y hacerte cosquillas en las manos cuando estés triste
donde pueda poner canciones que hablen de ti,
y donde saltar al abismo no sea más que volar.

Estoy aquí
soñando con soñar a tu lado,
pensando en qué desayuno te haré el domingo
cuando tengas resaca de los besos con los que te emborracharé la noche antes,
deseando que mañana no te vayas,
que no haya vuelo que nos separe, otra vez.

Estoy aquí, mirando la sombra del gato que maúlla al vernos,
que se arrastra por las esquinas buscando mimos
celoso
de que seamos nosotras quiénes terminemos acurrucadas la una con la otra.

Estoy aquí,
pero ahí también, contigo, amor,
y estoy feliz de haberte encontrado
aunque sea en la distancia, te he encontrado,
y sé, entonces,
que tú también me buscabas,
y que ahora estás ahí
y aquí, conmigo.

miércoles, 20 de febrero de 2013

"Bellos suicidios"

"Paso por mi vida, pero no es mi vida.
Necesito descansar, quiero parar ya
pero no estoy cansada de nada. Y luego
están los otros, tan ufanos, tan convencidos
de que existen. Me dan vértigo.
Bellos suicidios.

Me he despertado
desnuda y vacía. El día afuera grita playa,
y yo aquí dentro no sé si llueve,
si el campo está empapado,
si me estoy revolcando en el barro o
sólo juego a pisar charcos de resacas.

En realidad
ni la cabeza me duele.

En realidad no me conoces
nunca has sabido interpretar mis pestañeos
o mi manera de dejar que
las manos caigan agotadas
de resistirse a tocarte.

De pensar en la caída me he vuelto la peor funambulista del circo.

Ahora más que caminar por la cuerda floja,
me dedico a abrazarme a ella hasta cortarme los dedos
y los brazos.

Ahora se me hace rutina vomitar en los bares

Y eso que pensaba que se me había olvidado cómo llorar.

La gente más bonita del mundo se ha olvidado de nosotros, corazón,
o más que olvidarse, está viviendo feliz
y no son compatibles con estos despojos en los que nos hemos convertido.

Como siga explotando de esta manera no me quedarán muchos días. Poets die younger, babe, you know.

El suicida que llevo dentro ha cogido el micrófono
y se ha puesto a cantar el bolero más triste que se encontró en mi cabeza,
qué cabrón. Sabe que si me dice "salta" saltaré;
sólo estoy esperando el empujón que me ayude a hacerlo. (No quiero decirlo muy alto, que me quieren encerrar las alas por loca, y volverme cuerda terminará matándome primero)

Estáis tan en contra de la muerte
porque os acojona no poder llegar a ser inmortales.

La vida habla de que puede superar cualquier obstáculo, ¡qué cobarde!

pero no dice nada de que nos hayamos olvidado. De volar digo.

De discutir cuando llevas las razones hasta el fin.

No sé si me explico, o si mejor me callo.

domingo, 17 de febrero de 2013

'Pero sus ojos, tan distintos. 
Y entonces lo entendí. 
Ya no se iluminaban conmigo. 
No era yo quien los coloreaba 
ni eran ellos los que me daban la vida. 
Ya solo me dan adiós'
Bibiana Manganell

De las despedidas
no aprendí una puta mierda. Literalmente. Seguí llorando en los andenes,
en los aeropuertos
e incluso en las paradas de taxis al salir de cada fiesta.

Me quedé con una vida de sombras;
muy bien señalizada, eso sí,
con focos alumbrando cada error. Dejé de creer hace mucho
que alguien sea capaz de resucitarte con colores y besos.

De la muerte nunca quise salvarme,
ni volver. ¿Para qué?

Antes imaginaba qué era el olvido.
Me gustaba pensar que era un niño con el que nadie quería jugar,
o una llamada perdida en el número equivocado.

Al final era la indiferencia.

No un 'no me hace falta', no,
era más como decir: joder, y tú quién eras que ya ni te conozco.

Como quedarte sin palabras. 

Olvidar era dejar de quererle escribir a todas horas.
Era que no parase de sonar en tu cabeza el Lichis
entonando el 'Que te follen' más fuerte de tu vida.

Olvidar,
qué sé yo, se parecía a no recordar el calor de sus manos,
ni sus besos en la espalda,
ni la forma en que se corría al abrazarte.

Olvidar era que se te agotaran los planes y las pilas. Y dejar de querer ir a por más.

Pero ahora casi nunca pienso en eso.

Me dejo acariciar alguna que otra vez,
pero no muy a menudo, no sea que se me vean las cicatrices.
No sea que me encuentre de vuelta
cuando me dejo llevar.

Ahora
le cuento que nadie me echa de menos
ni me canta eso que decía Joaquín del "no consigo olvidarte",
ahora no me caigo, porque me paso el día en suelo.

Ya no me hace falta que no esté para saber que se ha ido.

Ella me soltó un día 'somos los recuerdos de un pozo de olvidos.'
pero la corregí diciendo: de un polvo, cariño, de un polvo de olvidos.

Y seguí follándome la vida

Y seguimos ahogándonos 
las dos
en una copa
por cada bar de dudas.

jueves, 7 de febrero de 2013


Ayer,
mientras subía en ascensor al piso de la decadencia
no paraba de pensar en nosotros.

En que a veces te me haces cuesta arriba,
como si tuviera que tirar de ambos para llegar a alguna parte,
y yo ya estoy muy cansada de tirar de mí.

Me iba genial con mi coraza,
con mis besos a media asta,
con vivir del recuerdo, o con él.

Pero tenías que llegar con sonrisas.

Y tenias que pedirme explicaciones sin hablar.

Tú, que no comprendes que podría enamorarme tan fuerte,
que tengo un cúmulo de distancias desbordado ya,
que ya no le quiero,
y eso duele.

Tú, que aún no lo sabes.

Tú y tus mensajes a las 5 de la mañana
diciendome que soy los minutos mas bonitos de tu noche.

Aunque desaparezca antes de que enciendan las farolas.

He pasado por el bar para ir a clase.

He salido tantas veces de él a estas horas,
y qué distinto me parece.

De madrugar y dejar el alcohol he aprendido que la vida es una mierda.
Que me sigue latiendo el pecho a ritmo de blues
cuando nadie me oye,
cuando es muy temprano para bailarte desnuda.

Que prefiero la copa y la barra,
y arrastrarme por las aceras,
a esta cotidianidad tan horrenda que parece tener absorta a la sociedad.

Qué clase de infelices pueden vivir así.

Sin dolor. Sin resaca. Sin el sabor amargo de otra noche gastada,
y otro día perdido hasta las tres de la tarde.

Qué clase de infelicidad hay en ser feliz,
en el equilibrio.

Cariño,
anoche me enfundé los tacones para dejarte huella,
me pinté los labios
y me ricé el pelo. Qué suerte que lo hayas notado,
y qué mal que me den ganas de llamarte a estas horas.

Te tengo prohibido tenerme de día.

Mis fantasmas aparecen con el amanecer
y no con la oscuridad. Me llevo tan mal con la luz...

No quiero que me veas así,
sangrante.

Dispuesta a dejarme arroyar por cualquier coche sólo por no dar un paso más.

Dame la mano,
que vienen curvas y te voy a besar.

Si me salvas de otra primavera, me quedo.

Aunque supongas sumarle otro kilómetro a mi espalda.
Aunque tenga que dejarme de nuevo la piel de serpiente
para ser la niña que sonríe.

De mis restos sólo queda la consecuencia
de querer vomitar en el papel una cosa:
Puedes llegar a ser el poema de mi vida.

Y ya no sé si es pedirte perdón o permiso.

Pero tú te preguntabas si había perdido tus labios de vista,
y cómo no voy a querer coserte a besos
con las balas que lanzas al corazón.

martes, 29 de enero de 2013

Ven.

Ven,
clávame el puñal como si creyésemos en Cupido;

no recuerdo si el corazón me servía para algo,
pero mi espalda espera heridas
como tú el humo del último cigarro antes de dormir.

Ven,
como si no supiéramos echar de menos,

como si existiera una palabra que contuviese todo este vacío.

Ven, retuérceme el cuchillo
y disfruta del daño.
Ven aunque no te lo pida.

Ven para nunca quedarte. Y quédate.
Y vete lejos.

Y átame a los hierros de tu cama
y te enseño qué es la libertad.

Ven con la misma cuerda con la que vas a ahorcarte, y susúrrame canciones. Ven con el mismo sueño que evitas, y duerme a mi lado. Ven, que nos ponemos dulces, y duros.

Sé mi pesadilla.

Vuela, y caeré contigo si caes. Y miraré al abismo por ti, y me tragaré tu semen y todos tus miedos.

Ven aunque me haga pedazos cuando el avión despegue. Y tenga entonces aún más razones para aferrarme a una copa.

Ven, que ya volveré a mi nueva vida para olvidar tu nombre, sabiendo que tú tampoco pensarás en el mío.

Invítame a café una tarde cualquiera, deja de llamarme.

Pierde el tiempo, gástate.

Llevo tu ropa como tu alma pegada a la piel. Al menos cada vez que me tocas recupero la fe en la vida.

Podría morir con tus manos entre mis piernas;

no me pidas que hable de mi
si no estás.

Róbame aún más besos.
Elige a otra. 

Pero, por si acaso,
no te olvides de venir.

martes, 15 de enero de 2013

Nieve.

A ti, porque existes
y no me faltas.

Está el amor en huelga con nosotras,
y sin embargo nos abrazamos la distancia
como quién busca que una canción
te salve del miedo.

Tienes nombre de que la calle te sonría
cuándo te quedas en casa
buscando alguna excusa para no brillar.

Tienes nombre de frío, como dices tú,
pero sé que eres la primera en arder
si hay unas manos que intentan encenderte.

A lo mejor ya no sé sonreír
si no eres tú quién me lo pide bajito
desde el teléfono.

A lo mejor eres una guitarra
a la que le hace falta que le afinen las cuerdas
para tocar su mejor canción.

A lo mejor ya te quiero,
porque me enseñas que del abismo se puede salir
si te tengo al lado

y puede ser
que estas aceras se estén muriendo de ganas
de tomarte de la mano
para calentarte ese alma.

Quizá me equivoque,
pero tú a la nieve
le cambias el significado.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Aunque no llueva

A Ella
que me dejó ser el chocolate de su vida.

El amor llama al amor cómo por inercia,
eso es un hecho demostrable en caricias.

Por eso creo (o mejor: afirmo) que teníamos que encontrarnos.

Esto no es un poema.
Dudo que haya verso capaz de contenerte,
créeme,
no te he visto nunca y ya sé que eres el motivo de que exista la idea de un Dios.

Tenías que disimular toda la magia que llevas escondiendo en tus vidas anteriores.

seguramente,
en algún momento de cualquier lugar
alzaré las manos por ti, musa,
que eres una victoria por celebrar.

Romperé cualquier duda o barrera. Si tú eres el premio,
me valen todas las guerras, amor.

E incluso el fracaso me vale
si es que no te consigo
pero te veo sonreír. Incluso eso sería otra batalla ganada.

Ven y salta conmigo.

Soy una caída libre de ataduras,
pero blanda en el fondo. Asómate a mi abismo,
no va a dolerte,
y aunque sientas frío sabré darte calor.

Calla ya, y baila conmigo bajo la lluvia.

Aunque no llueva,

aunque no calles y ya sólo nos quede este abrazo
que vuelve a llamarte/se amor.

martes, 25 de diciembre de 2012

Ni el mar, amor.


Yo seguía escuchando el mar
en una ciudad ajena
a cualquier playa,
demasiado lejos de cada ola.

Escuchaba un mar embravecido
insistente en hacerme recordar un noséqué,

un mar como el nuestro,

el que encontraba en la terraza
que me vio crecer con barandilla de hierro
que se me antojaba cárcel
antes de ver cualquier bandera.

Escuchaba ese mar
que se asomó a tu ventana
aquella mañana de -puede que- verano
cuándo nos tuvimos por primera vez
en tu cama de dos metros
que se me antojaron
dos abismos
cuando te separaste de mis labios
y te vi olvidarme así,
tan fácil y rápidamente.

Escuchaba el mar
que te vio tocarme debajo del bikini
mientras el frío
se nos iba del cuerpo en cada ola
y te notaba crecer
por debajo de mis miedos
y la cintura.

Y aún hoy escucho el mar, amor,
y me tiemblan las piernas pensándote
más lejano, incluso, que yo
de esas aguas que nos deben tanto,

y te busco derramandote sobre otras
que no saben de ti
ni la mitad que mi saliva,

y vuelvo a llorarte ríos, amor,
ríos enteros de flujo y semen
que ya nunca
se unen
para hacernos gemir al unísono, amor,

ay, amor. No me dejaste quererte así,
ni el mar, amor,
ni el mar me dejaste.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

E incluso sin haberte visto.

He visto una noche envidiosa,
llorando la injusticia de preferirte
en susurros
que a ella a gritos.

A los poetas desangrándose
sobre las paredes,
a brazos abiertos,
con la inmoralidad tatuada tras sus estrellas
como tus lunares.

No he visto nevar,
pero lo he imaginado sin frío. Y te he imaginado a ti, después,
abrazándome
como quién abraza una duda,
es decir: con cuidado para que no quepa el daño.

Te he visto capaz de amar, amor,
y de abrirte de piernas a la vida
para que tuviera
de verdad
una razón de ser.

Y, así, cachondo el mundo,
serías tú la causa de muchas guerras. Y la consecuencia.

Y sé que serías también quien pusiera una flor
por cada cien cañones,

y la primavera te desnudaría
en versos,
y habría una paz imposible de romper.

He visto de nuevo a la noche aún más envidiosa
menos inmortal sin ti. Y al placer
cobrando un sentido diferente desde tus manos.

Y nos vi, flor nevada,
carretera arriba en el mapa
en busca de una casa que nos entienda,

quitándonos vendas de los ojos
como el que mira por primera vez
al abismo
y éste se reconoce derrotado
con toda la belleza;

y nos vi gatas callejeras
por calles que no nos merecían,

y dejando realmente desiertas las playas
y a las ciudades con más ganas aún,

y supe entonces,
incluso sin haberte visto nunca,
que cualquier lugar
sería perfecto
contigo a mi lado
bailando sobre la cuerda
que nunca nos iba a atar.

martes, 11 de diciembre de 2012

Sumo y sigo.


Bebo el café cómo por rutina,
calentándome los pies
sola
como casi siempre desde que te fuiste.

Sonrío
porque me obligan los alrededores
y porque no hay que defraudar a los vasos
que me devuelven siempre una hostia
cuando me prometo que de esta semana no pasa que te llame.

Lloro menos
desde que tus fantasmas no vienen
si no es de noche
para follarme un rato
y largarse con caras alegres. Alegre como tú
cuándo te ibas de madrugada.

Escucho la misma música creo,
desaprendí a pintar
y cada día me queda mejor
mancharme las manos
con otras manos
y pintura.

A veces me pregunto
si te preguntas qué nos pasó.

Te recuerdo sentado
mientras me dabas explicaciones
y yo me contenía para no gritarte lo cabrón que habías sido estos años.

Estos años.

Ya casi nunca dueles,
ya casi nunca nada.
porque casi nunca tengo que recoger mis pedazos,
aunque eso sí que duele. Verme entera
y sin ti
es como no verme.

Tengo la intención de irme tan lejos
como no pueda. Quiero llenar las paredes
de nuevos gritos
y que no sean de auxilio ni perdón.

Estoy harta de pedir perdón.

Todo lo que espero del futuro
es verme sola
por un tiempo.

Y dejar de contar el tiempo entonces.

Y dejar de esperarte a ti,
me digo.

No sé si algún día volveremos a sentarnos
y sentir
arena negra
bajo los sueños,

ni si quiero que me veas ahora
dibujando tonterías
con sombrero
lápiz
y copa.

Sólo sé
que sigue
sin
pasar
nada
sin ti, y sin embargo
he pasado
he vivido,
sumo
y sigo.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Solías decirme con tus silencios
que las noches sin luna
mejor desnudarse solo,


que tomar la mano
en lugar de una copa
era un insulto a mis versos


que ojalá verme
sonrojada y sonriente
con aquella cara de sexo, según tú,
tan preciosa;
escribiendo,
siempre borracha y a la vez serena,
siempre ausente
y desnuda en piel y alma.


Repetías incesante
que tenías un corazón canalla del que no debía enamorarme,


que yo no sabía querer bien
y que a golpes
tampoco lo entendería.


Me pusiste un muro a la altura de tus miedos
y me prohibiste aprender a trepar.


Me dejaste la arena pegada a la piel.
pero te llevaste el mar y la playa
en cada viaje.


Te me hiciste tan inalcanzable, cabrón,
y un poco
te odié por ello.


Pero ahora,
a oscuras,
nos pienso alegres, exhaustos
y desgarrados en la cama
y aún recuerdo los espasmos de tu polla
justo antes de correrse
en mi boca,


y eso, cariño,
muy a tu pesar,
comprendí que era el amor
y no los versos de Neruda.

lunes, 22 de octubre de 2012

Nostalgia

¿cómo se sacan las castañas del fuego?
respondo lo que aprendí
viendo en las manos quemadas de mi
madre:
quemándote
para que así otros,
los tuyos,
no se quemen.


La nostalgia, un poco, se define recordando
que cuándo era pequeña, al acabar de comer
veía cómo Ella salía al patio de casa
para fumarse el cigarrillo que no le dejábamos encender en la mesa,
y cómo se sentaba en las escaleras
a las que no podíamos subir muy rápido
por si las moscas,
y se pasaba un rato hablando con las flores,
flores que casi siempre
le devolvían la sonrisa.

Supongo que es también
un sentimiento de culpa por no haberle dado más la mano,
o no haberla quitado en el momento justo
y ahora andar quemados
de tanto ponerla en el fuego
pero no arrepentidos.

La nostalgia es
pedirle perdón por no haberla visto fuerte
con lo fuerte que es Ella
y haber seguido jugando con los años.

Y es pasar un verano encerradas
hablando de todo lo que,
como hija rebelde
y dolor de cabeza por excelencia que soy,
me había jurado no contarle.

Y es que la nostalgia se cree poeta,
pero en realidad es muy puta,

y hoy me ataca desde la niñez,
y lo siento,
pero habla de madres,
de mi madre,
que se rompe porque no sabemos agradecer
como merece
y siempre,
sin excepción,
nos espera con la comida en la mesa cada fin de semana,
por si acaso.

domingo, 14 de octubre de 2012

A una testaruda

Un día de estos te como
de lo frágil que te pones por culpa de las gilipolleces de otro.
de lo torpe que crees que te vuelves,
de lo rota que te veo por no llevar las riendas.
Un día de estos,

el menos pensado,
voy a demostrarte que te voy a dar la mano
hasta que te tires sola a la piscina,
y estará llena, por fin, y no habrán más golpes.

Que a lo que me refiero es a que no eres estúpida,
que lo que te pasa a ti es que tienes corazón
¡TE SOBRA CORAZÓN!
a ver si te lo metes en el coco, guapa.

sábado, 13 de octubre de 2012

Ahora que te has ido de verdad,
leo nuestros poemas
y ya ninguno parece que te haya nombrado nunca.

Ahora que no me llamas,
ni te llamo
ni gritamos eso de que jugarse la vida sería tan bonito.

Ahora que tú no apareces en casa
y yo no te pido que lo hagas,

Ahora que no estás

Y ya no dueles.

Paso los días hablando del Ahora
para que tus ayeres
no me pisen.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Un grano de arena


Acabarán los días
rutinarios,
consecutivamente
las noches harán de ti una voz desabrida
en las que te encontrarás solo

solo, ahora
que el sexo de algún pobre desconocido
me apura un sordo gemido al aire
que recuerdo tus manos
y me lleno los ojos de amaneceres pasados,
que las lágrimas me cubren de nombres
que no van más allá de tus letras.

No,
no es recordarte
el ejercicio que hago mientras tú caminas,
no,
son los besos amargos
el sin-amor ese que tan poco gusta
y sabe tan a ponernos en marcha y fluir,
fluir ríos enteros de semen
y muerte

Es algo así como que ya nada tenga sentido
y que cada vez me quiera más. Y no es tristeza
sino ganas de vivir las otras vidas

tal vez ahora sea

un grano de arena
en medio del desierto.

jueves, 12 de abril de 2012

Hoy es día de cebollas.

Cómo todos los poemas que ayudas a que salgan,
este también es tuyo, gorda. Por ser mi refugio,
siempre, te quiero.

Hace varias vidas que te encontré
y te quise por tus calcetines,
(eso creo que nunca lo supiste)
siendo las pequeñas,
con tus mayitas.

Y te vi un día de casualidad
no recuerdo porqué ni dónde
pero te vi pasar,
y supe quién eras, y te adoré igual,
y tus calcetines.

Pero desde hace un año hasta hoy
venimos plantando campos de fresas
en días que se nos pintan azules
(porque tú eres azul entera,
y yo eso lo tengo en cuenta)
y a base de cultivos
nos hacemos felices mutuamente.

Las mentes,
la gente creciente y decreciente,
decrecientes deficientes,
sólo tú me entiendes.

Y a veces de cebollas,
los campos de cebollas
por llorar sin razón
y con ella.

Campos enteros a sangre segados
cegados los ojos de tanto dolernos
de tanto llorarnos
de desquerernos.

Y las lechugas,
cuánto dicen las lechugas eh
pues si te gustan que te gusten, y chócala, joder,
a ti te tienen que querer bien.

Pues quizá nos dé por ahí dentro de poco,
quién sabe.

Y las personas menguantes,
de eso sí sabes.
Y las vacías y las llenas.
Tú eres de las llenas, aunque no lo creas.

Y aunque de llorar sabemos de más,
desde hace un año a aquí.

Siempre las cebollas.
Hoy es día de cebollas.