domingo, 5 de julio de 2015

Sin tu llanto, ¿qué me queda?

A veces pensaste que estar triste no era esto;

ni caminar con los pies atados

ni pasar la lengua por la vitrocerámica aún caliente

ni acariciarte la garganta por dentro para ver si aún no se ha regenerado la piel que me arrancaste

ni volver a escarbar en la herida

hacerle túneles, autopistas, puentes colgantes

no, estar triste no era reconocer tu nombre aunque estuviera escrito en braille entre un millón de cuchillas de afeitar

ni pintarte las uñas de negro para no ver cómo sangran

ni esconder la cabeza en el agujero de tu ombligo

ni comenzar a olvidar por las cosquillas

y acabar por una lápida.

cuánto tiempo pasará hasta que deje de visitar tu tumba vacía.

cuánto tiempo

buscándote en mi vientre

cuantas cicatrices hacen falta
para ponerle nombre
a alguien que no existió jamás.

si noviembre es un sueño,
el resto de meses: sólo pesadillas.

Te echo de menos.

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