miércoles, 13 de julio de 2016

Callar por hablar.

Porque yo he venido sólo a hablar de la muerte para que a ti no te duela la sangre, que me han gritado triste
y hasta me lo he creído.
Porque la sola idea de mi hija caminando con la cabeza agachada hacia el colegio me produce tal angustia
que comenzaría a lanzar piedras a vuestras casas
Porque el sufrimiento de cada perro que duerme en la perrera me genera dudas de hasta dónde llega la maldad del ser humano.
Porque tengo la delgadez de una niña que rechaza la insulina por vergüenza.
Porque el cáncer nos toca a todos, aunque esté en otra piel.
Porque hemos visto morir y matar, y ya sólo somos sensibles al dolor cercano, y el ajeno lo contemplamos como una película de sobremesa llamada Tiburón, pirañas asesinas o Serpientes en el desierto.
Que lo verdaderamente triste es no poder decir que lloro a diario
porque os genera una angustia innecesaria.
Que lo terriblemente absurdo es no poder hablar sin tapujos de que con siete años habría amado más si me hubieran dejado despedirme de mi abuelo.
Que lo horroroso es que me impongan Olvido para obtener Felicidad.
Que lo único que hoy en día me importa es despertar de una pesadilla dando gracias de que mamá siga respirando.
Que observar la muerte me da fuerzas, no pena.
Y que hace demasiado tiempo pienso que si no os gusta mi dolor, podéis olvidarlo como un documental del Discovery Chanel.

1 comentario:

  1. La muerte.....esa gran desconocida, tabú ya sin nombrarla, no digamos presentarte a ella de frente, con sendos besos en las mejillas.

    No le encuentro el sentido a evitarla o aplazarla.
    Si en cualquier momento vendrá ella de frente y a solas.

    Y se presentará educadamente.
    Hola, soy Muerte.
    Y nos dará sendos besos en las mejillas, como una Señora.


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