sábado, 31 de agosto de 2013

Tenía que explicártelo todo, joder.

Había que decirte por qué
este espacio
y no tú.

Porque hoy es domingo, todos los martes.
Y sábados.

Exponer uno a uno
mis puntos de vista
y de sutura. Darme en tragos cortos,
por lo del miedo lleno
medio vacío, del que te escapaste.

Leerte los poemas
en voz alta,
y clara, y acariciándote el pelo (cómo no)

Tenía que sonreírte si hablaba de ti,
porque si no lo hacía
te enfadabas. Hablar de ti, digo.

Gira el mundo, gira, a tu alrededor o que se pare.

Recogías todas tus cosas en la mochila verde cuando empezabas a odiarme,
con la esperanza al fondo,
donde nosotros.

Luego yo te besaba,
y claro,
ahí nos quedábamos. Sin promesas;

sólo la mochila verde, los versos
a los que querías buscarle sentido
en dirección contraria,
y yo, pidiendo auxilio. Y tu perdón.

Con el mal bañándonos las dudas,
sin despedirnos. Ni despeinarnos.

Sólo otro beso. Y otro. Y otro. Y otro. De la muerte.

De la rutina.

Lo peor era mirarte fijamente a esos ojos
que ya no me veían. Y yo ahí, sin pestañear,
por si te perdía de vida. Y se me caían los deseos.

Acostumbrarme a tu ausencia
mientras sonreías en el desayuno.

Buscarte en la cama. Y en el espejo.

No lo entendías. Ni siquiera lo pensabas.

       Yo boqueando,
como un pez sin tu saliva. Me tomabas por loca
sin beberme siquiera.

Aún me pedías explicaciones,
y me dabas excusas, como que ya no podías hacer de imán
porque los polos opuestos, ya puestos
también se repelen.

Bajabas hasta la puerta y dibujabas una ventana.
Cerrada.

Y te ibas al verano.

'Yo aquí no pinto nada', y te tirabas por tierra
sobre mi tumba.

Y la vida nos siguió, para sorpresa de Joaquín,
con el juego macabro de los daños.

Todos los días
en la lista de la compra, anotabas:
'Niña tonta, enamorada del amor
y del suicidio. Cómo voy a quedarme.'

Para eso no hizo falta explicación, claro.

Que cada vez que volvías significaba
que te habías ido de nuevo.

A dónde, si tu brújula ya no marca mi norte.

Cuando te pierdo los pasos
no sé hasta dónde llega mi casa.

Hace ya tiempo que ni vivo
ni me dejo morir para contarlo. Para qué quiero la primavera,
si de este deshielo no voy a salir.

De las pocas cosas claras que me quedan,
todas tienen que ver
con que no haya ni una puta margarita
que te niegue algo.

Eres la flor más bonita a la que jamás me he atrevido a dejar plantada.
En mí.

Isla desértica que soy.

Tú arrancándote pétalos,
como un trébol de cuatro hojas intentando encajar.

Yo limpiando el suelo al que no nos resignaremos
sólo porque aún no nos podamos poner en pie.
De guerra. La paz, contigo.

Justificaste otro viaje con tus heridas. Hacia el centro de la certeza
de que esta vez
ya no vendrías a leerme,
a pedirme razones, ni corazón,
ni poemas
ni recuerdos.

Sino otro beso. Y otro. Y otro. Y otro.
Y tu suerte.

Y la mochila verde,
y el epitafio que nunca supe escribir.

Yo ya sólo puedo dormir con los pies fríos. Y tú no lo entiendes.

sábado, 24 de agosto de 2013

Donde he estado.

Sigo congelada en esas manos

en tus malos modos de quererme bien

en este mirar de reojo como que no me miras cuando me tocas
Como el pájaro que se abraza a un poste de alto voltaje.

Vivo continuamente en la noche antes de la noche en que tampoco te olvidé.

Me he quedado a dormir en otro 'adiós'
de otra boca
entre mis piernas.

Qué manía con llamar 'amor' a cualquiera con quien me apetece pasar la huída

Si no eres tú.

Sigo odiando los colores vivos. No sé qué dice eso de mí. Supongo que nada,
que te ahogas.

Cogeme la carita así, que voy a morirme.

A quién esperabas volver a no ver.

Se me ha suicidado otra pestaña ahora que lo que te deseo
es lo de siempre,
tu risa en mi ombligo. Que me enseñes a silbar.
El lienzo de tu espalda.

Cada vez estoy más lejos de todo,
como para contar conmigo.

Donde he estado.  Tampoco habían señales en los sueños.

Hoy,
a la misma distancia de siempre,

36 suspiros.
Y yo aquí, conteniendo la respiración.

Podemos tropezar mil besos,
pero este alma lleva tanto cerrado por olas
que cómo vamos a saber amar.

Para bien o para. Mal.
Las ilusiones, los desmoronamientos,
la sutil diferencia de asomarse al amor con miedo a caer,
o a tirarse.

Ya te lo dije:
sujetame fuerte,
que yo salto. Mortal.

Anoche se me cayó
un año de olvido al suelo.

No me culpes, cariño,
pero aún sigo pensando que con esa sonrisa
podría correrme
en cualquier esquina de esta ciudad.

Te sabías de memoria el lugar exacto donde tocarme
me iba a matar. Y no lo hacías.
Y voy yo, y te llevo la mano.

Tu corazón-granada me ha explotado en la boca. Y alegre, y herida, me pierdo en este río
por no llorarte de nuevo.

Podría pasar la vida jugando contigo
a la ruleta rusa,
pero con todas las alas. No me ates.

Me acuso de mirarme las llagas de los pies. De hablar como se habla en los cementerios: a nadie.
De querer demasiado, sin medir a quién.

Cuánto hace que no me siento isla.

Te he visto caer en medio de todo el mundo
y no se han dado cuenta.

Si quieres empezamos por el final
y reconstruimos los deshechos.

Pero cuidado,
el verano está a punto de acabar
y aún no me he muerto. 

viernes, 2 de agosto de 2013

La verdad es que miento. O no. Qué dudo.

Me rompo

Es como si te hicieras una herida sobre otra que ha cicatrizado ya.
Y te pusieras a buscar la forma
          de que tocarte no te duela.

Como aquel niño al que no le daba miedo la sangre. Y se lamía solo.

Que lloraba sólo cuando nadie le veía
hacerse mayor.

Baila; amor
para que la tristeza no se vaya
también

Encoge el corazón, envásalo al vacío
y cuidado con dónde lo tiras.

No es que quiera que te quedes,
pero mientras, ¿por qué no vienes
a sentarte a mi lado en las aceras?

La vida pasa a 200 y sin frenos,
disfruta.       Este tramo
en el que hacemos el ángel entre tanta basura.

Tinta que te tiñe la ropa.

Lo peor de todo esto es darte cuenta de que para salvarte
tienes que huir

En un avión que pierde altura.

Nubes en tus sueños. Fiesta de fantasmas
que no te invitan a otra copa.

Se te estrellan los pájaros en la cabeza.

Tienes el futuro ahí,
al lado, mi mano.

Siéntate conmigo, anda,
Corre. Te.
Vuela.

Pero no me dejes
como al niño

que alguna vez alguien fue. Quizá tú.

Te quiero como si pudiera.

Decirte

Permitirme

Sentir

La verdad.

jueves, 1 de agosto de 2013

Vuelvo a casa como si no supiera a dónde me había ido.

Me habían dicho que si estaba deprimida,
que no salía de casa si no era de noche y para andar por la arena.

Como las locas.

Yo sabía que era una isla, y que
por mucho que queramos,
las islas siempre estamos mejor solas.

Me he mojado los pies en el mar de unos ojos que lloraban porque volví a marcharme.

(Creo que aún hay gente que quiere construir puentes hacia nosotras.
Como si eso no fuera ponernos unas esposas de besos.)

Llevo sin querer a nadie desde que me topé por casualidad con el que me descubrió.

Tonta yo,
que creí poder ser desconocida de nuevo.

Pienso mucho en tu despedida, cuando me soltaste algo así como que
si tocaba el cielo
te recordase. Pero cariño, marqué tantas veces el número de tus lunares en mis letras
cuando estuve en el barro
sin encontrar respuesta,
que me he quedado sin huellas para que me sigas.

Ando por calles llenas de luces y no veo ni un puto túnel en el que esconderme.

No sé si estoy triste, pero en este accidente parece que no queda nadie que cuente que nos ha vivido.

Ya me he vuelto a olvidar de porqué creo que he vuelto.  Ya me he puesto a llorar por cosas
que no me tocan ni de lejos.

En casa no hay nadie. Me gusta.

Me han dicho que desde que no estás cerca
sonrío menos.

Pero mejor. Amor, estoy en un punto en mi vida en que nos puedes comer el coño, indistintamente, a mi soledad y a mí.

No quería irme
sin que lo supieras.