martes, 28 de abril de 2015

Oigo follar a los de arriba, creo que somos nosotros.

Me he subido a la mesa
 y todo aquí parece más real. 

Como en el club de los poetas muertos, 
pero sin ti debajo para sujetarme mientras salto. 

No pasa nada, en el sueño siempre me sostienes
contra la pared
sin ningún esfuerzo mayor que el que hace tu cuerpo contra el mío.

Los de arriba llevan una semana sin parar de follar. 

Ya puedo distinguir cual de los dos está a punto de correrse. 

Sonrío. 

Soy yo la que se sube la falda cuando entran por esa puerta
(escucho las llaves en la cerradura, 
el llavero tintineando 
Al gato maullar)

En esta celda
las paredes cada vez están menos acolchadas,
supongo que quiero saber exactamente 
de donde salen tantos cardenales. 

A veces te imagino en el sueño. En aquel que no va a cumplirse 
ni aunque un vendaval sople todas las velas. 

A veces te sientas a mi lado
y me tumbo 

Y sabemos que esta vez
llamarán a la policía 
por nosotros. 

Me bajo de la mesa;
no hay nada como poner los pies en la tierra
para saber qué es la distancia. 

Y que sigo sin saber dónde estás.