martes, 29 de octubre de 2013

Pasado: participio del verbo te has ido.

"Después sucede que te cambias de camiseta frente al espejo. 
Después algo nos hace gracia. 
Después sucede que ya no estás por ningún lado"

Marcelo Luján



He aprendido a pincharme sin sangrar. Y no me vale de nada.

Es como lamerme los huesos después de correrme
pensando en ti

Y quedarme rota frente a un espejo resquebrajado
que ya no te muestra.

Estoy inmóvil, cadáver
mientras me miras. .

En la misma playa donde anoche
te sentí por primera vez vivo de frío y de verdad. Con escarcha en las venas.

Cada vez somos más muertos a este lado de la vida,
qué maravilla. Llenarnos de gusanos
que nunca serán mariposas.

De insomnio están los gatos llenos. ¿O viceversa? No lo sé. Igualmente
nunca es tarde si te dedican una mueca. Triste.

Y devoran a todas las ratas que quieran hacerte daño.

Lo nuestro duró, que ya es bastante sabiendo lo que teníamos.

Ahora ya no me sale escribir el daño
por si te lo hago. Pero te seguiría dando la mano, ignorando la espada
que llevas en la otra. Ya me conoces, contra la pared
sólo puedo darte dos opciones:
Embestir.

Este ir con pies de polvo: deshaciéndome.

Jugando a dibujar tu nombre en la arena
por si las horas te borran mejor.

No invadas mi espacio,
estoy en el rincón de no soñar.

Qué tiempo hará en tu habitación.

Cuántas veces te tocas pensando en mí.

Seguirá girando el mundo en tu ombligo.

Las inmensas preguntas, Nacho.

La misma respuesta: Llueve. De tu puerta a la mía.

Antes de que te apagues. Y me apague.
Y no nos queden luces, ni sexo
ni misericordia
en las manos.  Dile a las farolas que nos dejen besarnos al pasar,
joder.

Me agotas la existencia. -te digo.

Y los ejemplos.

¿Alguna vez has entrado en tu casa
y has sentido que estaba llena de gente que no conoces?

Pues a mí me pasa incluso cuando está vacía. Encuentro mi sombra y me veo rodeada de gente.

Ya ni volver al silencio
me basta para abrazarme.

No es lo mismo una ciudad en ruinas
que una destrozada. Que no se te olvide.

Y que una isla desierta
no siempre está abandonada.

Pregúntale cómo ha llegado ahí.

Y por qué.

Necesito una bañera. Llena hasta el borde,
con agua caliente y mucha espuma.

Y una tostadora encendida. Como en las pelis americanas.

Lo peor del amor es cuando pasa.
Concretamente: a ti.

Desde fuera se ve todo más bonito y ahora me suena raro de cojones
decir que hubo algo nuestro, sabiendo que todo eran cenizas.


Si se te acaba el gas en mitad de un recuerdo, ¿por qué lloras?
¿por el suicidio frustrado
o por masturbarte con agua fría?

¿Dónde están tus algodones ahora que cae el frío
y me quema la noche por dentro?

Te voy a poner la otra mejilla siempre, lo sabes de sobra,
pero sobre el pecho, para escuchar cómo me matas, corazón.

Quizás me esté inundando yo y no la calle.

No hay campo de flores muertas lo suficientemente grande
que represente cómo me has arrasado.

Y este miedo a las despedidas. De quién es.

¿A qué te recuerda ese techo de estrellas
fugadas
que se te viene abajo?

No sé qué nos está pasando. Llegó el día en que a los gigantes
se les cayeron las columnas de los sueños.
Ahora nos queda un molino sin aspas,
mucho viento, y ninguna vela.

De verdad, no puedo con los miedos que se cumplen.

Y a veces me parece
que de verdad alguien se había muerto
mientras yo estaba enterrada en toda tu mierda.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Aunque esté mal contar mentiras.

Quería escribir un libro

un libro lleno de arena,
que me recordase a ti en cada una de sus putas páginas.

Hubiera descrito todos tus golpes,

me habría subido la falda
únicamente
para que tú me vieras. Feliz.

He estado planeando el suicidio perfecto,
el que, sea como sea
acabara contigo antes. Pero ya ves, aquí sigo,
vivita y sin escribir.  Nada. Sin una isla a la que subirte.

Vaya mierda.

Que te recuerdo follando en sofás naranjas,
sábanas naranjas
cielos naranjas. Y tú queriéndome en negro.

Y dejándome sin tinta.

Dónde cojones estará tu espalda ahora que no soy yo
la que se corre porque me besas.

No me hagas caso,
estoy cuatro rones más triste que tú, qué esperabas.

Ando sin bragas por casa, esperando que alguien
venga
a hacerme poesía
y no caer.

Tengo cosas que contarte:
-Soy escombros desde el maldito 11 S.

El de Manu, digo.

-Hace 22 horas que no lloro.

-Tengo miedo a no sangrar. A estas ganas de abrirme las penas
de arriba a tus bajos
para ver tinta de una vez.


La gente que me quiere no lo va a entender nunca. Que me despierte todos los putos días
con la terrible sensación de que
aún
no me he muerto. -Borges diría ahora
que nunca va a morirse del todo dado que aún no lo ha hecho, 
y qué acojone me está dando.

Vengo a besar a cualquiera
en los portales.

A enamorarme de una pantalla
de pelo largo, y labios bonitos.

Vengo a beberme copas
que ahora están enteras.

Como todas las naranjas desde que no eres mi mitad
en ningún sofá
o sábana
o cielo.

Vengo,
de vengar. La memoria de los que siguen aquí.

Vengo, porque venir es alguna forma de volver,
en un mundo paralelo.                         Seguro.

Te estoy sonriendo.


En cualquiera de los casos, sólo me interesa saber
que el mundo empieza
y acaba
en la puerta del mar.