jueves, 27 de junio de 2013

'Yo podría haberlo hecho mejor' Habla de felicidad. Pero dónde.

He pasado noches sin dormir. Muchas.

Desde hace un tiempo
ni al insomnio le veo pasar por aquí.

No me gusta. A pesar de mi médico.

Quiero llorar y parezco una fuente que no funciona
en un parque
al que ya no vamos a besarnos
y nadie se detiene a arreglarlo.

He girado sobre las agujas del reloj tantas veces
para que me miraras por un segundo
que estoy mareada de desesperanza.

Padezco una terrible enfermedad llamada despertar.

Hoy lo he hecho desde la sala,
en el mismo sofá incómodo de hace un año. Sin ti.

Ayer me dieron las llaves de un nuevo corazón,
que estaba más en silencio que el mío.

Ahora ya no quiero volver a abrir los ojos.
Creí que era la luz de un paraíso
pero seguía siendo la misma cárcel.
De hace un año. Sin ti.

Aún pestañeo esperando que aparezcas
con un 'te quiero
pero no te lo digo' en la boca
mientras me besas.

Capullo.  Estoy en modo recordarte y no se me acaban las pilas.

Y no te has molestado en llamar
desde hace un año.

Tampoco importa,
pero yo sigo despertandome con una soga al cuello,
aunque ya creo que es culpa
de dormirme vestida
esperando que tus manos me desnuden.

Perdóname,
se me ha metido un mal recuerdo en el ojo derecho
y no he podido evitar una sonrisa furtiva. Nada grave.

Ya sabes que no he querido nunca
evitar el daño.     Debería contarte
quién me hace ahora no llorar.

Mucho tiempo sin llorar me parece casi más triste
que mucho tiempo sin reír.

Aquí me tienes, detenida,
mirando por donde piso
por si rompo a alguien que no sea yo.

Por querer, ya no quiero ni encender el portátil,
te escribo desde el móvil, como una idiota,
por si de repente me agobio
y me da por enviartelo.

He vuelto a dejar los proyectos apartados,
y Ella me dice que hable con un especialista,
que una de mis personalidades está deprimida

y yo que no, que la deje.

Y ahí está, apartada y sola.

Necesito un vestido de flores
que me sonría a mí.

Aún quedan amigos; lo sé porque Carlos me ha enviado un audio borracho, y sigue queriéndome.

Porque Irene está triste, y yo voy a abrazarla en cuanto tenga dinero.

Y ya sabes que yo quiero a mucha gente,
pero por muy poca cogería vuelos.

Pero es que sus alas.

Desde que no lloro
no escribo. No tienes la culpa. Él tampoco.
Aunque le echo más de menos que a ti.

Pero a ti tengo que contarte lo de Manu. Y todo lo demás.
Que me des la mano
para empezar a romperme. De nuevo.

A derramar mares de una jodida vez. A beberme el roto y la copa.

El fondo del vaso me pone cachonda lo mire por donde lo mire,
y lo vea como lo vea.

Y ya no bebo para olvidar nada. Y prefiero la nostalgia.
Tonta yo. Que ya no me llamas.

Voy a soltar, otra vez los poemas.

A volver a mi abstinencia en los bares y el papel.  A cuidarme
la salud de hierro oxidado. A fingir la sonrisa.

A castigar a mis voces sin rincón de pensar.

A no abrir el facebook, por si tus fotos.

A no enviarte lo que pienso
ni siquiera borracha.

A dormir en una cama
que nunca ha sido mía, hasta que me mude de alma.

Que en esta ya no se puede querer a nadie.

Y mucho menos a mí.

lunes, 10 de junio de 2013

"Más indoloro en cada trago. Ya soy inquebrantable, por eso me rompo. "
                                                                  Álvaro Perals


En mis aceras se debaten la vida y la muerte, la soledad y la nostalgia... Todas borrachas de olvido,
de tristeza porque no las acompaño.

Ya no me siento a su lado a contar batallitas perdidas y guerras trasnochadas.

Se me hace más tarde cuando anochece que si madrugo.

Puedes pasear mis calles, he dejado las luces de mi alma encendidas. Ya no cargo mis cañones con poemas, se me ha secado la pólvora, el miedo y el seso.

Busco inspiración en el futuro y me sabe a nada.

Trato de acercar mi mano al pasado
y nada.

El presente no dura ya ni un instante. Y se me ha ido volando.

Tu recuerdo no me acuerdo a qué sabía. Y los pocos planes que me quedan no te incluyen.

Tierra a la vista, y yo ciega. He descubierto un mundo nuevo y para qué.

No te pienso, ergo ¿ya no existes?

Tus cicatrices no me queman cuando se acercan los días de sol. El cambio climático me ha abierto un agujero en la capa con la que envolvía las mariposas; a ceniza me saben los sueños que ya cumplí.

Las voces de mi cabeza ya no me hablan.

Que me quede o me vaya
de nada me vale
si ningún lugar me tiene
o me falta.

Estoy aquí y allá,
soy
porque todos somos. Un abismo.
Díselo a Nietzsche para que me mires bonito y yo te pueda admirar.

Esta saliva me sabe a alimento de tiburones.

Que crea en las personas no significa que tenga fe en la humanidad. Vaya asco.

Qué me doy.

Me clavas las pupilas en la distancia como esperando verme sangrar sin mirarme,

como queriendo otra herida.

Como culpándome por irme cuando te empeñabas en que no podía esperarte.

Me sonríes ahora, fingiendo una amistad que no tenemos,

recordándome tus besos,

diciendo: hoy te lo comería, cariño, para que no olvides que me has querido y te tengo, que toda tú sigues siendo algo mío.

Discúlpame los versos
en que te extraño.

Te sorprende -y a mí-
que siga viva después de
sobre todos

Aquí ando, creyéndome cuerda y sin ahorcarme...

Como cuando choca la ola contra un acantilado y te salpica, pero no consigues ver el mar. Así de ciega.

Como un eco tras una montaña que hace siglos que no escalas. Así de torpe.

Como pisando las brasas y, en lugar de quemarme, notarlas deshacerse a mi paso. Así de vacía.

Como una isla descubierta. Despedazada. Violada y abandonada a mi mala suerte. Como yo.

Tras una tragedia veo: Todas las dignidades muertas.

Y los sueños muertos.
Y las éticas
muertas.

Yo, por mi parte
no dejaré testamento
pero sí una nota de suicidio asistido, y, concluyendo diré que en mi epitafio
quiero que aparezca:

Es mi hora de sentarme a sentir cómo siento ahora que no me sentiré ya más.

Es mi adiós a mí, Dios. Espérame en la puerta, pero no abras
que ya tengo pagadas un par de noches de fiesta
en el infierno.