lunes, 20 de mayo de 2013

Prefiero la resaca.


Los lunes que te escribo,
con permiso de Ernesto.

Y seguiremos regalando flores.
Gracias a Juana.




Puede llegar tantas veces el invierno cuando tú no estás...

hay un sofá naranja,
una isla despierta, como me dijo Irene
cuando yo no sabía que no dormir
no era para tanto;

hay una cesta de fruta
podrida
que se parece a nosotros,

hay un niño llorando en el piso de abajo
y parece que nadie le hace caso. Como a nosotros.

Hay una tormenta de nieve
que me está abrasando por dentro

hace frío
y sudo por no llorar,

desde que no te veo prefiero que salga el sol a todas horas para que no me dé tiempo a soñarte nada,
ni un poquito.

Estoy buscando casa,
últimamente me paso la vida en hospitales,
me he replanteado dejar la carrera unas 40 veces por minuto,
sigo queriendo ir a África,
coger algún avión a algún lugar donde nadie me conozca,

-el otro día Satu me dijo que se va a Finlandia
y yo pensando en Laponia;
me contó lo de que durante un mes no hay noche allí,
y que era un asco,

desde entonces, te lo aseguro,
quiero vivir en Laponia.-

Los trenes siguen siendo la cosa que más pena me producen,
tan con una estación fija a la que ir
y siempre volviendo. Como si no les sirvieran para nada
los kilómetros que han vivido. Como a nosotros.

¿Has visto? Invierno de nuevo
a mediados de mayo.                             Y yo creyéndome noviembre.

Diría Robe ahora:
Ya todo el año me hace daño y me vuelvo a llevar
a patadas con la primavera.

Como alguien me vuelva a decir
que no puedo estar triste
le doy una hostia.

Llevo buscando tanto tiempo la forma de quedarme callada
cuando quiero decirte que quiero follarte,
que sólo he conseguido minimizar daños. Y hablar de follar
con otros. Eso también lo he conseguido.

Todo esto son cosas que debiera contarte
y no puedo,
porque no sé a dónde has ido desde que te fuiste.

Sólo me había enamorado una vez de unas manos,
las suyas. Pero ahora que he visto desaparecer montañas
es cuando he dejado realmente de creer en la magia.
Qué clase de artista amaría algo
que se va
de una manera tan sencilla.

A veces me encantaría tropezarme contigo y decirte
que he hablado con el destino y que aquí estoy,
que qué excusa vas a ponerme ahora.

Luego lo pienso mejor y me lo trago.

Últimamente sólo me trago palabras.

Me he dado cuenta de la sutil diferencia que hay
entre seguir con tu vida
y rehacerla. De la poca importancia que tienen las cosas que me pasan
desde que no eres tú;

es como cuando salgo de la ducha
y no me apetece vestirme
y no te encuentro en la cama para impedírmelo.

como sentarme a ver la tele durante horas
y no tener ni puta idea de lo que están dando.

Desde que bebo para olvidarte
prefiero la resaca,
que al menos me recuerda el porqué.



Lo reconozco, desde que no estás
no escribo a menos que sea para contarte
lo que no puedo contarte porque no estás.


Me estoy abrigando con todo lo que te echo de menos
para pasar otra noche en el infierno,
 sola.

No sé qué digo, ahora sólo estoy segura
de que en una da estas recaídas en tus recuerdos
voy a morirme

 de sobredosis                                                o pulmonía.

domingo, 12 de mayo de 2013

Cuidado con mis cristales.

Hace tanto que estás callado. No conozco tu piel. No te veo
ni te escucho danzando por aquí,

¿es que duermes o qué pasa?

Si has sacado a otra a bailar
mejor avísame.

Estamos a tiempo de perderlo.
Pero para el amor no te queda; eso que no se me olvide,
por favor.

¿A cuánto me cobras la sonrisa?
Mira que se me ha ido puliendo con las piedras que me han rodado por encima
y ahora ya no mido a quién se la regalo.

¿En qué aleteo desistirá la mariposa?

¿En qué cama te soñarán esta noche?
                                                       Además de en la mía, claro.

¿De qué grano harás una montaña de hambre? ¿A qué río culparás
de que no llores?

¿A quién devorarás hoy con rabia? (Yo aquí estoy, por si te sirve)

Te cambio mi buena muerte
por 7 años de mala vida a costa de tu reflejo roto.

Esta calle no lleva a Roma,
camina tranquilo.

Hay náufragos en desiertos.
Hablo de islas.

Y de mí.

¿Cómo no hacer caso a tus manos? Si prefiero madrugar en tus pupilas y
que me abraces cuando no sé qué es lo que espero.

Ojalá tu voz resuene dentro de mi boca
cuando despierte.

Se me han borrado las huellas dactilares de las caricias que no te he dado.

Me muerdo los labios por no quererte a todas horas,
y el sabor metálico de la sangre
me recuerda al avión
que nos separa. Y no quieres coger.

Haces más herida cuando me giras la mirada que el destino.
Cuidado con mis cristales,
son de las botellas de ron
que me he tragado por no olvidarte.

Yo ya sólo quiero dormir desnuda
en una playa
que no lleve tu nombre.

Perdóname... se me ha agotado la impaciencia: Me voy,
no quiero recordarme

que ya no estás.