domingo, 24 de febrero de 2013

Estoy contigo.


A Tania,


porque ella nunca estará lejos.


Estoy aquí
sabiendo que parte de mí está ahí, contigo, esperando otros cinco minutos de abrazo.

Estoy aquí
haciendo de mi casa
una casa mejor donde encontrarte descalza por el pasillo,
y hacerte cosquillas en las manos cuando estés triste
donde pueda poner canciones que hablen de ti,
y donde saltar al abismo no sea más que volar.

Estoy aquí
soñando con soñar a tu lado,
pensando en qué desayuno te haré el domingo
cuando tengas resaca de los besos con los que te emborracharé la noche antes,
deseando que mañana no te vayas,
que no haya vuelo que nos separe, otra vez.

Estoy aquí, mirando la sombra del gato que maúlla al vernos,
que se arrastra por las esquinas buscando mimos
celoso
de que seamos nosotras quiénes terminemos acurrucadas la una con la otra.

Estoy aquí,
pero ahí también, contigo, amor,
y estoy feliz de haberte encontrado
aunque sea en la distancia, te he encontrado,
y sé, entonces,
que tú también me buscabas,
y que ahora estás ahí
y aquí, conmigo.

miércoles, 20 de febrero de 2013

"Bellos suicidios"

"Paso por mi vida, pero no es mi vida.
Necesito descansar, quiero parar ya
pero no estoy cansada de nada. Y luego
están los otros, tan ufanos, tan convencidos
de que existen. Me dan vértigo.
Bellos suicidios.

Me he despertado
desnuda y vacía. El día afuera grita playa,
y yo aquí dentro no sé si llueve,
si el campo está empapado,
si me estoy revolcando en el barro o
sólo juego a pisar charcos de resacas.

En realidad
ni la cabeza me duele.

En realidad no me conoces
nunca has sabido interpretar mis pestañeos
o mi manera de dejar que
las manos caigan agotadas
de resistirse a tocarte.

De pensar en la caída me he vuelto la peor funambulista del circo.

Ahora más que caminar por la cuerda floja,
me dedico a abrazarme a ella hasta cortarme los dedos
y los brazos.

Ahora se me hace rutina vomitar en los bares

Y eso que pensaba que se me había olvidado cómo llorar.

La gente más bonita del mundo se ha olvidado de nosotros, corazón,
o más que olvidarse, está viviendo feliz
y no son compatibles con estos despojos en los que nos hemos convertido.

Como siga explotando de esta manera no me quedarán muchos días. Poets die younger, babe, you know.

El suicida que llevo dentro ha cogido el micrófono
y se ha puesto a cantar el bolero más triste que se encontró en mi cabeza,
qué cabrón. Sabe que si me dice "salta" saltaré;
sólo estoy esperando el empujón que me ayude a hacerlo. (No quiero decirlo muy alto, que me quieren encerrar las alas por loca, y volverme cuerda terminará matándome primero)

Estáis tan en contra de la muerte
porque os acojona no poder llegar a ser inmortales.

La vida habla de que puede superar cualquier obstáculo, ¡qué cobarde!

pero no dice nada de que nos hayamos olvidado. De volar digo.

De discutir cuando llevas las razones hasta el fin.

No sé si me explico, o si mejor me callo.

domingo, 17 de febrero de 2013

'Pero sus ojos, tan distintos. 
Y entonces lo entendí. 
Ya no se iluminaban conmigo. 
No era yo quien los coloreaba 
ni eran ellos los que me daban la vida. 
Ya solo me dan adiós'
Bibiana Manganell

De las despedidas
no aprendí una puta mierda. Literalmente. Seguí llorando en los andenes,
en los aeropuertos
e incluso en las paradas de taxis al salir de cada fiesta.

Me quedé con una vida de sombras;
muy bien señalizada, eso sí,
con focos alumbrando cada error. Dejé de creer hace mucho
que alguien sea capaz de resucitarte con colores y besos.

De la muerte nunca quise salvarme,
ni volver. ¿Para qué?

Antes imaginaba qué era el olvido.
Me gustaba pensar que era un niño con el que nadie quería jugar,
o una llamada perdida en el número equivocado.

Al final era la indiferencia.

No un 'no me hace falta', no,
era más como decir: joder, y tú quién eras que ya ni te conozco.

Como quedarte sin palabras. 

Olvidar era dejar de quererle escribir a todas horas.
Era que no parase de sonar en tu cabeza el Lichis
entonando el 'Que te follen' más fuerte de tu vida.

Olvidar,
qué sé yo, se parecía a no recordar el calor de sus manos,
ni sus besos en la espalda,
ni la forma en que se corría al abrazarte.

Olvidar era que se te agotaran los planes y las pilas. Y dejar de querer ir a por más.

Pero ahora casi nunca pienso en eso.

Me dejo acariciar alguna que otra vez,
pero no muy a menudo, no sea que se me vean las cicatrices.
No sea que me encuentre de vuelta
cuando me dejo llevar.

Ahora
le cuento que nadie me echa de menos
ni me canta eso que decía Joaquín del "no consigo olvidarte",
ahora no me caigo, porque me paso el día en suelo.

Ya no me hace falta que no esté para saber que se ha ido.

Ella me soltó un día 'somos los recuerdos de un pozo de olvidos.'
pero la corregí diciendo: de un polvo, cariño, de un polvo de olvidos.

Y seguí follándome la vida

Y seguimos ahogándonos 
las dos
en una copa
por cada bar de dudas.

jueves, 7 de febrero de 2013


Ayer,
mientras subía en ascensor al piso de la decadencia
no paraba de pensar en nosotros.

En que a veces te me haces cuesta arriba,
como si tuviera que tirar de ambos para llegar a alguna parte,
y yo ya estoy muy cansada de tirar de mí.

Me iba genial con mi coraza,
con mis besos a media asta,
con vivir del recuerdo, o con él.

Pero tenías que llegar con sonrisas.

Y tenias que pedirme explicaciones sin hablar.

Tú, que no comprendes que podría enamorarme tan fuerte,
que tengo un cúmulo de distancias desbordado ya,
que ya no le quiero,
y eso duele.

Tú, que aún no lo sabes.

Tú y tus mensajes a las 5 de la mañana
diciendome que soy los minutos mas bonitos de tu noche.

Aunque desaparezca antes de que enciendan las farolas.

He pasado por el bar para ir a clase.

He salido tantas veces de él a estas horas,
y qué distinto me parece.

De madrugar y dejar el alcohol he aprendido que la vida es una mierda.
Que me sigue latiendo el pecho a ritmo de blues
cuando nadie me oye,
cuando es muy temprano para bailarte desnuda.

Que prefiero la copa y la barra,
y arrastrarme por las aceras,
a esta cotidianidad tan horrenda que parece tener absorta a la sociedad.

Qué clase de infelices pueden vivir así.

Sin dolor. Sin resaca. Sin el sabor amargo de otra noche gastada,
y otro día perdido hasta las tres de la tarde.

Qué clase de infelicidad hay en ser feliz,
en el equilibrio.

Cariño,
anoche me enfundé los tacones para dejarte huella,
me pinté los labios
y me ricé el pelo. Qué suerte que lo hayas notado,
y qué mal que me den ganas de llamarte a estas horas.

Te tengo prohibido tenerme de día.

Mis fantasmas aparecen con el amanecer
y no con la oscuridad. Me llevo tan mal con la luz...

No quiero que me veas así,
sangrante.

Dispuesta a dejarme arroyar por cualquier coche sólo por no dar un paso más.

Dame la mano,
que vienen curvas y te voy a besar.

Si me salvas de otra primavera, me quedo.

Aunque supongas sumarle otro kilómetro a mi espalda.
Aunque tenga que dejarme de nuevo la piel de serpiente
para ser la niña que sonríe.

De mis restos sólo queda la consecuencia
de querer vomitar en el papel una cosa:
Puedes llegar a ser el poema de mi vida.

Y ya no sé si es pedirte perdón o permiso.

Pero tú te preguntabas si había perdido tus labios de vista,
y cómo no voy a querer coserte a besos
con las balas que lanzas al corazón.