jueves, 27 de diciembre de 2012

Aunque no llueva

A Ella
que me dejó ser el chocolate de su vida.

El amor llama al amor cómo por inercia,
eso es un hecho demostrable en caricias.

Por eso creo (o mejor: afirmo) que teníamos que encontrarnos.

Esto no es un poema.
Dudo que haya verso capaz de contenerte,
créeme,
no te he visto nunca y ya sé que eres el motivo de que exista la idea de un Dios.

Tenías que disimular toda la magia que llevas escondiendo en tus vidas anteriores.

seguramente,
en algún momento de cualquier lugar
alzaré las manos por ti, musa,
que eres una victoria por celebrar.

Romperé cualquier duda o barrera. Si tú eres el premio,
me valen todas las guerras, amor.

E incluso el fracaso me vale
si es que no te consigo
pero te veo sonreír. Incluso eso sería otra batalla ganada.

Ven y salta conmigo.

Soy una caída libre de ataduras,
pero blanda en el fondo. Asómate a mi abismo,
no va a dolerte,
y aunque sientas frío sabré darte calor.

Calla ya, y baila conmigo bajo la lluvia.

Aunque no llueva,

aunque no calles y ya sólo nos quede este abrazo
que vuelve a llamarte/se amor.

martes, 25 de diciembre de 2012

Ni el mar, amor.


Yo seguía escuchando el mar
en una ciudad ajena
a cualquier playa,
demasiado lejos de cada ola.

Escuchaba un mar embravecido
insistente en hacerme recordar un noséqué,

un mar como el nuestro,

el que encontraba en la terraza
que me vio crecer con barandilla de hierro
que se me antojaba cárcel
antes de ver cualquier bandera.

Escuchaba ese mar
que se asomó a tu ventana
aquella mañana de -puede que- verano
cuándo nos tuvimos por primera vez
en tu cama de dos metros
que se me antojaron
dos abismos
cuando te separaste de mis labios
y te vi olvidarme así,
tan fácil y rápidamente.

Escuchaba el mar
que te vio tocarme debajo del bikini
mientras el frío
se nos iba del cuerpo en cada ola
y te notaba crecer
por debajo de mis miedos
y la cintura.

Y aún hoy escucho el mar, amor,
y me tiemblan las piernas pensándote
más lejano, incluso, que yo
de esas aguas que nos deben tanto,

y te busco derramandote sobre otras
que no saben de ti
ni la mitad que mi saliva,

y vuelvo a llorarte ríos, amor,
ríos enteros de flujo y semen
que ya nunca
se unen
para hacernos gemir al unísono, amor,

ay, amor. No me dejaste quererte así,
ni el mar, amor,
ni el mar me dejaste.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

E incluso sin haberte visto.

He visto una noche envidiosa,
llorando la injusticia de preferirte
en susurros
que a ella a gritos.

A los poetas desangrándose
sobre las paredes,
a brazos abiertos,
con la inmoralidad tatuada tras sus estrellas
como tus lunares.

No he visto nevar,
pero lo he imaginado sin frío. Y te he imaginado a ti, después,
abrazándome
como quién abraza una duda,
es decir: con cuidado para que no quepa el daño.

Te he visto capaz de amar, amor,
y de abrirte de piernas a la vida
para que tuviera
de verdad
una razón de ser.

Y, así, cachondo el mundo,
serías tú la causa de muchas guerras. Y la consecuencia.

Y sé que serías también quien pusiera una flor
por cada cien cañones,

y la primavera te desnudaría
en versos,
y habría una paz imposible de romper.

He visto de nuevo a la noche aún más envidiosa
menos inmortal sin ti. Y al placer
cobrando un sentido diferente desde tus manos.

Y nos vi, flor nevada,
carretera arriba en el mapa
en busca de una casa que nos entienda,

quitándonos vendas de los ojos
como el que mira por primera vez
al abismo
y éste se reconoce derrotado
con toda la belleza;

y nos vi gatas callejeras
por calles que no nos merecían,

y dejando realmente desiertas las playas
y a las ciudades con más ganas aún,

y supe entonces,
incluso sin haberte visto nunca,
que cualquier lugar
sería perfecto
contigo a mi lado
bailando sobre la cuerda
que nunca nos iba a atar.

martes, 11 de diciembre de 2012

Sumo y sigo.


Bebo el café cómo por rutina,
calentándome los pies
sola
como casi siempre desde que te fuiste.

Sonrío
porque me obligan los alrededores
y porque no hay que defraudar a los vasos
que me devuelven siempre una hostia
cuando me prometo que de esta semana no pasa que te llame.

Lloro menos
desde que tus fantasmas no vienen
si no es de noche
para follarme un rato
y largarse con caras alegres. Alegre como tú
cuándo te ibas de madrugada.

Escucho la misma música creo,
desaprendí a pintar
y cada día me queda mejor
mancharme las manos
con otras manos
y pintura.

A veces me pregunto
si te preguntas qué nos pasó.

Te recuerdo sentado
mientras me dabas explicaciones
y yo me contenía para no gritarte lo cabrón que habías sido estos años.

Estos años.

Ya casi nunca dueles,
ya casi nunca nada.
porque casi nunca tengo que recoger mis pedazos,
aunque eso sí que duele. Verme entera
y sin ti
es como no verme.

Tengo la intención de irme tan lejos
como no pueda. Quiero llenar las paredes
de nuevos gritos
y que no sean de auxilio ni perdón.

Estoy harta de pedir perdón.

Todo lo que espero del futuro
es verme sola
por un tiempo.

Y dejar de contar el tiempo entonces.

Y dejar de esperarte a ti,
me digo.

No sé si algún día volveremos a sentarnos
y sentir
arena negra
bajo los sueños,

ni si quiero que me veas ahora
dibujando tonterías
con sombrero
lápiz
y copa.

Sólo sé
que sigue
sin
pasar
nada
sin ti, y sin embargo
he pasado
he vivido,
sumo
y sigo.